Servidumbre resentida

En su sede del Teatro Luis Peraza, el Centro de Creación Artística TET presenta Las criadas de Jean Genet, con producción de Yazel Parra, Vera Linares y Louani Rivero y dirección de Guillermo Díaz Yuma.

El texto es un clásico del teatro del siglo XX. A partir de un suceso real que sirvió de inspiración, Genet pone en escena a Clara y Solange, dos sirvientas que realizan un juego de resentimiento social en la primera se hace pasar por la Señora de la casa y la segunda por cualquiera de ellas mismas en su intención de compensar el odio que sienten hacia sus amos, si bien esto traerá consecuencias fatales para ambas.

El montaje no transmite la esencia del texto, en especial, su crítica a la burguesía. La dirección luce desacertada por la ausencia del manejo de la progresión dramática. Esto se percibe más en el ritmo discontinuo con escenas muy lentas y otras muy rápidas sin justificación. De igual forma, los desplazamientos escénicos se ven forzados para las actrices y se abusa en ellos de la frontalidad hacia el espectador.

La parte estética está mejor manejada. El diseño de escenografía propuesto por el director entra en el terreno de lo simbólico. Todos los elementos están pintados de un mismo color, salvo las flores que se encuentran en diferentes sitios y el vestuario que cuelga de un armario. Esto ofrece un fondo apropiado para resaltar las acciones de las actrices y, sobre todo, su vestuario. Los bordes del escenario son un marco como si el espectador se acercara a observar una pintura en el que sus figuras se desplazan. De igual manera, el diseño de vestuario de Lya Bonilla logra su cometido al ataviar a las criadas de un resaltante vinotinto y a la señora de tonos ocres. El estilo de las primeras representan la violencia contenida, el de la segunda la ostentación.

El trabajo actoral es irregular. Las protagonistas no logran conectarse con la esencia de los personajes. Mónica Quintero como Clara y Jariana Armas como Solange se perciben planas en los matices, incluso en los momentos de más intensidad cuando debían tener mayor veracidad. Además, en estos momentos, aceleran la forma de hablar y atropellan lo que dicen con claros problemas de dicción. En cambio, su expresión corporal es más idónea debido a la forma sumisa que asumen y los gestos con que se comunican, aunque deben evitar recalcar constantemente el texto con el uso de las manos. Por su parte, Lya Bonilla es más sincera, natural y plena de intenciones como la Señora. Ella no tiene la edad y, por ende, la imagen del personaje, pero lo busca a través del control de su postura corporal. 

En definitiva, un montaje con más deficiencias que aciertos.

Función: 23 de Marzo de 2012

Marxismo escénico

En el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, el grupo Teatro Gastronómico presenta Yo soy Carlos Marx, producción de Francisco Torrealba,  dramaturgia y dirección de Gennys Pérez.

El texto plantea un juego de apariencias en el que Carlos Márquez, un militante de izquierda venido a menos, se convierte en Karl Marx por la depresión de ver la caída del socialismo y la muerte de su hijo en la miseria. Estas circunstancias lo conducen casi a la locura y a la pérdida de la identidad. De igual manera, obliga a Jenny Castro, su esposa, a asumir el rol de Jenny Von Westphalen, la mujer de Marx.

La puesta en escena, en correspondencia con el texto, posee una estética simbolista. Esto se evidencia en el concepto escenográfico de Edwin Erminy y la dirección de arte de Iliana Hernández que demarcan con claridad el espacio para el desplazamiento y la distribución escénica de los actores. Al principio, Marx deambula alrededor de la alcantarilla donde vive con Jenny. Luego, entra en el sitio que representa un escondite recargado de libros, objetos en mal estado, restos de basura y maniquíes. Una puerta giratoria casi en ruinas los separa y “protege” del mundo exterior que los rechaza. Otro recurso que se vincula igualmente con la estética es el vestuario que indica el despojo de los personajes de Marx y Von Westphalen para aceptar finalmente la realidad de ser Márquez y Castro.

Los diálogos y la dirección convierten al montaje en teatro para la confrontación con la realidad. El personaje de Marx recalca constantemente que los llamados revolucionarios no han leído realmente y, por ende, comprendido su máxima obra: El capital. Para Marx, capital y capitalismo no es lo mismo, así que el sentido de su creación ha quedado relegado a la miseria como viven los personajes de la obra. Los que se califican como marxistas no ven o no quieren ver en realidad el contexto que los rodea. ¿Una persona que vive en las peores condiciones, aunque no lo acepte, comprenderá realmente el marxismo o el socialismo?

En las actuaciones, Karl Hoffman mantiene la fuerza como la dupla Karl Marx – Carlos Márquez. Sin embargo, se percibe impostado en muchos momentos y esa exageración no le permite ir subiendo de intensidad debido a que concentra la mayor energía en el principio. Además, esto no le permite establecer la diferencia entre Marx y Márquez, lo que logra en algunas situaciones del final. Por su parte, Flor Elena González es más consciente como Jenny Castro que no se acepta ser Jenny Von Westphalen. Transita con más facilidad en cada situación, aunque puede reforzar los matices. 

En conclusión, un montaje cuyo protagonista es el texto.

Función: 18 de Marzo de 2012

Experimentación crítica de la sociedad

En la Sala Anna Julia Rojas de UNEARTE, la agrupación Escena de Caracas presentó Mackie, espectáculo creado a partir de textos y canciones de Bertold Brecht y Kurt Weill, producido y dirigido por Delbis Cardona.

Esta propuesta es un compendio de escenas que toca temas como la pobreza, la obsesión, el oportunismo, la indiferencia, el enredo, la superficialidad, en fin, tópicos que se pueden encontrar en la cotidianidad de cualquier entorno urbano. Cada escena plantea un premisa que, en suma, da un sentido a la representación.

El trabajo sigue la línea estética inicial que caracterizó al grupo con montajes como Primer plano y que nacen desde de la experimentación y discusión con la realidad. El teatro físico y la danza, vinculados estrechamente con la música, son el punto de partida y, posteriormente, la palabra sirve de complemento.

En este sentido, el valor metafórico sobre el escenario es primordial. Hay significados no evidentes como los carniceros que abren y cierran el espectáculo con una limpieza coreográfica de movimientos pero manchados de sangre. Luego, se suceden acciones físicas repetitivas que podrían sintetizarse para mejorar el ritmo de la primera parte. En cambio, el uso de la palabra y su reflejo de lo real es categórico cuando se recrean situaciones como la repartición de puestos de buhoneros en las calles de Caracas o la deplorable atención en una oficina pública de reclamos.

La música ofrece la atmósfera necesaria gracias a la interpretación de la banda de género electrónico E-On. Los arreglos de Bartolomé Díaz y Oscar Fanega, junto con la voz de Julio Timaure, redimensionan las creaciones de Brecht y Weill. Es importante comentar que el espectáculo está dedicado a Timaure, fallecido en el 2007.

Por su parte, el vestuario de Nadeschda Makagonow es preciso para cada sección del montaje, mientras que el diseño de iluminación de Gerónimo Reyes es otro gran protagonista de la escena con una plasticidad expresionista.

El trabajo actoral es esencialmente físico a través de una integración en lo energético. Algunos intérpretes son más hábiles corporalmente, otros más sobresalientes en el uso de la voz pero, en general, se complementan. Neriluz Acevedo, Gabriel Agüero, Delbis Cardona, Betsabé Correa, Mauricio Gómez Amoretti, Félix Herrera, Nadeschda Makagonow, Margarita Morales y Costa Palamides ofrecieron una buena labor en conjunto. 

Con esta propuesta, el grupo retomó su estilo experimental en el que el trasfondo, es decir, lo que subyace de lo que se percibe en escena posee una fuerte carga para actuar críticamente sobre lo que se vive día a día en la sociedad.

Función: 10 de Marzo de 2012

Girasoles pictóricos y teatrales

En la sala de teatro 1 del CELARG, La máquina teatro y el Grupo experimental Aula 212 presentaron Girasoles de silencio, texto de Elizabeth Yrausquin de Postalian, producción general de Carlos Silva y dirección de José Tomás Angola.

Este montaje se basa en momentos de la vida del artista plástico Vicent Van Gogh con un texto que carece de una verdadera forma dramática. La dramaturgia se concentra en reflejar situaciones de la vida del Van Gogh sin establecer relación entre las escenas. El paso de una escena a otra sucede porque avanza la vida del pintor y no porque es necesario desde el punto de vista teatral. Esto se advierte debido a que no hay un conflicto claro que evolucione en consecución de un progresión dramática real. Además, los personajes dialogan pero no accionan, es decir, las palabras no contienen la acción propia del teatro.

La dirección trata de resolver lo anterior creando una planta de movimientos que justifiquen las actitudes de los personajes. Divide el escenario en dos partes y ubica los desplazamientos en uno de ellos dependiendo de la escena, pero no resuelve la incómoda ausencia de ritmo que se mantiene durante toda la representación.

La realización escenográfica de Freddy Belisario es pertinente para representar el mobiliario de los diferentes espacios. El diseño y realización de vestuario, creación de la autora de la pieza y de Margarita Yrausquin, delinea apropiadamente la época y el estilo de cada rol. Destaco el diseño multimedia de Asdrúbal Barrios porque sirve de apoyo al principio y, sobre todo, al final cuando redimensiona los cuadros del pintor con efectos de animación, un recurso que pudo aprovecharse más. Asimismo, la música original de José Antonio Córdova crea una atmósfera idónea para el drama.

En las actuaciones, el mismo José Tomás Angola asume el papel de Van Gogh logrando momentos reales donde integra cabalmente voz, cuerpo y energía. Sin embargo, pudo ofrecer más variedad en los matices para cambiar el tono melodramático que mantiene en casi todo el montaje. Se destaca José Manuel Vieira como Paul Gauguin porque maneja la intensidad vocal y gestualidad a favor de las intenciones del personaje. Luis Carreño como Teo Van Gogh, el hermano, se percibe correcto en su trabajo y José Antonio Córdova como Teodoro Van Gogh, el padre, luce impostado y poco veraz. Por su parte, el elenco femenino es muy débil. Lilo Schmid, Laura Guevara y Diana Almeida no componen con propiedad sus personajes porque les falta organicidad. 

En definitiva, un intento fallido de teatralizar la vida de uno de los pintores más destacados de las artes plásticas en el mundo.

Función: 3 de Marzo de 2012

Los perros del petróleo

En su sala principal, el Teatro San Martín de Caracas presenta 3 noches para 5 perros, texto de Gustavo ott y dirección de Luis Domingo González.

El texto recrea los días previos y las situaciones que llevaron al desastre que sucedió en la plataforma petrolera del Golfo de México durante el 2010. La acción se concentra en cinco personajes: tres trabajadores, el espíritu de un trabajador muerto y un ejecutivo. Con su particular estilo en la que mezcla la metáfora con frases coloquiales y situaciones límites, Ott crea una obra contundente y reflexiva. Esto se percibe especialmente en la conversación entre el ejecutivo de BP y el encargado del taladro cuando se revelan las que podrían ser las causas del derrame petrolero. La manipulación, producto del dinero, la codicia y la poca conciencia ecológica son los temas recurrentes.

La dirección propone una apropiada estética a medio camino entre el realismo y el simbolismo que se apoya en la escenografía diseñada por Rubén León. Se aprovechan todos los espacios del escenario localizados en diferentes niveles para simular la estructura de la plataforma y su punto focal: el taladro que causó el desastre. La puesta en escena se concentra en los tres trabajadores que se desplazan constantemente, mientras el muerto los observa e interviene en tono reflexivo. Luego, el ejecutivo irrumpe como catalizador del desastre. En esta última intervención, no parece necesario el rompimiento que ocurre en la forma en que se desarrolla la acción porque el espíritu que deambula en escena ya se encarga de esto. Además, se pretende reforzar las razones del hecho cuando el texto las da por sí solo.

En las actuaciones, el trío de actores: Ludwig Pineda, David Villegas y José Gregorio Martínez que representa a los trabajadores de la plataforma: Barney Cox, Ismael Martínez y Joe Brown, se muestra cabal en sus intenciones con la presencia de mayor intensidad en los dos primeros, encargados del trágico final. Se destaca William Escalante como Doug Waxman, ejecutivo de BP, porque logra organicidad en la manera que maneja los matices y la energía de un personaje que controla todo a su antojo. Por su parte, Luis Domingo González está correcto en su interpretación gestual y vocal de Wyatt Nelson, el trabajador fallecido cuyo espíritu merodea en actitud premonitoria. 

Este montaje demuestra la capacidad que tiene el teatro de distanciar para vernos a nosotros mismos. La industria petrolera nacional se ve reflejada en la lejanía de las circunstancias que ocurrieron en el golfo de México. Un trabajo pertinente en una Venezuela cuyo petróleo se derrama en el Estado Monagas.

Función: 24 de Febrero de 2012

Mujeres marabinas

Como parte del circuito teatral que se está formando en los teatros del centro y oeste de Caracas, la Fundación para el desarrollo de la dramaturgia regional (FUNDRAMA), proveniente del Zulia, presentó Señoras de Maracaibo, dramaturgia y dirección de Richard Olivero, en el Teatro Municipal.

Cinco mujeres se dirigen al público empleando las formas lingüísticas propias de Maracaibo. Producto de una investigación, el lenguaje se vuelve reflejo de las costumbres y sentimientos de la mujer marabina.

La dirección propone una puesta en escena sencilla para que las actuaciones y el texto sean los protagonistas. Cinco actores, travestidos para escenificar a sus personajes, representan a las “amigas” que rezan y se insultan en el inicio de un montaje hilarante que tiene el monólogo como forma dramática.

La primera intervención es de Dalia. La interpretación de Ricardo Lugo integra voz y cuerpo de manera excepcional y mantiene la energía como la mujer que no le gusta hablar de los demás pero lo hace con complacencia, al mismo tiempo que pelea con sus hijos para que se comporten como ella desea.

Luego, Carlos Guevara representa a Guillermina Vilchez de Osorio. El monólogo de una mujer adinerada que termina de sirvienta en su casa es el más débil, al igual que su interpretación. Esto se podría replantear al apoyarse en la crítica religiosa y en el manejo de la energía.

Después, Henry Semprún personifica a Marucha Boscán, una mujer que recuerda con nostalgia su adolescencia alocada. Usa apropiadamente los gestos bruscos y la intensidad de los matices. De igual manera, José Molero compone con detalle a la hiperbólica “China” Contreras. La vocalización que va del agudo al grave y el control corporal evidencian sus cuentos exagerados.

Por último, aparece la muda Mística. La mujer que ha trabajado para mantener a sus hijos y ha dejado de lado sus necesidades amorosas adquiere consistencia con el trabajo actoral de José Bermúdez. Aprovecha los gestos al máximo y se conecta con el público a través de las pocas palabras que expresa.

Es importante revisar el final porque es muy abrupto. El reencuentro de las amigas, como al inicio, cerraría apropiadamente el espectáculo.

El diseño escenográfico es sencillo. La sala de una casa típica sirve de ambiente con estilos y elementos que reflejan una época pasada. El vestuario es más funcional. Cada personaje está delineado claramente en su forma de vestir. 

Este trabajo se ha convertido en un fenómeno en Maracaibo y con toda razón. La mezcla entre el lenguaje, la sobria escenificación y la honestidad interpretativa lo convierten en un espectáculo formidable.

Función: 18 de Febrero de 2012

Juventud sin propósito, juventud enferma

En la Sala experimental del CELARG, la agrupación Hebu teatro presenta La enfermedad de la juventud de Ferdinand Bruckner con dirección de Diana Volpe.

El amor traicionado, la depresión, la drogadicción, la manipulación, la libertad sexual y el orgullo falso son los temas que desarrolla el texto escrito en 1926. En él, siete jóvenes tienen las mismas incertidumbres que podrían tener los jóvenes actuales.

Con un tono y ritmo realista, la mayor virtud de la dirección consiste en actualizar la obra original. Las situaciones sutiles y, tal vez, censurables para la época, ahora se hacen evidentes en un montaje duro e intenso de una pieza hasta cierto punto misógina.

La escenografía, diseñada por Violette Bule, es de tendencia simbolista aunque coquetea con el realismo. Además, presenta una serie de elementos eclécticos que amplían la lectura en torno a los diferentes tipos de jóvenes que deambulan por la escena. Esto se percibe también en el diseño de vestuario de Joaquín Nandez que le da un carácter propio a cada personaje.

El diseño de iluminación de Gerónimo Reyes consolida cada escena, en especial durante los cambios de tiempo y para reforzar las situaciones más intensas, así como la selección musical se vincula perfectamente con ellas.

El trabajo actoral tiene diferentes niveles. A la cabeza, se encuentran Rossana Hernández como María y Elvis Chaveinte como Federico. Ella demuestra una sorprendente capacidad para el manejo de las emociones entre la alegría y la depresión. Él ofrece veracidad en el desenfado, la manipulación y la moralidad liberal que posee el personaje. Por su parte, María Alejandra Rojas como Desiré se percibe veraz e intensa en los cambios de humor. Asimismo, Nakary Bazán como Lucía compone cabalmente un personaje en los límites de la ingenuidad y el patetismo, mientras que Domingo Balducci se muestra pertinente como el ambiguo Alex quien interviene en los momentos justos y, sobre todo, reflexiona sobre los sucesos en la distancia.

Los más débiles son María Gabriela Díaz como Irene quien debe demostrar mejor la pretendida inocencia que profesa, aunque su mejor momento es cuando es atacada sexualmente, y Javier Figuera como Pedro que debe reforzar la imposibilidad de darse cuenta de sus acciones. Ambos tienen que cuidar su dicción y proyección vocal. 

Espero que lo jóvenes que asisten a la representación escapen de la risa fácil que abunda entre ellos en la actualidad y tengan la capacidad de hurgar en lo no evidente, de leer entre líneas y de reflexionar acerca de las consecuencias de una juventud sin propósito, más allá de cualquier concepción moral de la vida.

Función: 11 de Febrero de 2012

Nostalgia femenina

En el horario vespertino del Espacio Plural del Trasnocho Cultural,  las agrupaciones Encuadre Teatral, TET y Producciones NM presentan Pessoas, producción ejecutiva de Alma Blanco, producción general de Norma Monasterios, creación original y dirección de Katty Rubesz.

A partir de la figura del escritor portugués Fernando Pessoa, el montaje incluye lo multimedia, la música en vivo y los demás elementos tradicionales del teatro en un espectáculo onírico que pasa de una escena a otra sin una vinculación aparente pero que se cohesiona cuando llega al final. Parte de la nostalgia de una mujer que amó profundamente a Pessoa y que no puede olvidarlo, por eso lo rememora constantemente al mismo tiempo que relata a una amiga lo que compartió con él.

Pessoa no es uno solo, son varios como lo fue en sus escritos, de ahí el título del espectáculo. La imaginación fértil de su amada hace que esas personalidades aparezcan en su imposibilidad de escapar del recuerdo. Aunque, de la misma forma en que la imagen del escritor es producto de la mente de su enamorada, la única forma de librarse de su evocación recurrente es a través del estado en el que se desatan los pensamientos: el sueño. El sueño es el medio que elimina la nostalgia y convierte la aceptación en realidad.

Todo lo anterior no tendría sentido sin la dirección musical de Gonzalo Mendoza y el acompañamiento de Rodolfo Aranguibel. Ambos crean la atmósfera idónea para el desarrollo de cada situación. Además, el diseño de iluminación de Víctor Villavicencio complementa los estados por lo que pasan los personajes, mientras que el diseño de vestuario de Raquel Ríos los atavía correctamente en el estilo de su época. También, resaltan las ilustraciones escenográficas de Lester Arias que, junto al diseño multimedia de Lya Bonilla, ofrecen un apropiado telón de fondo que remata el aspecto visual del montaje.

En las actuaciones, se destaca Norma Monasterios que equilibra el paso por diversas emociones en las que la solidaridad, la hilaridad, el furor y la sensualidad están presentes. Igualmente, demuestra sus extraordinarias dotes para el canto al interpretar una serie de fados, la expresión musical más conocida de Portugal. Por su parte, Alma Blanco maneja cabalmente los sentimientos encontrados de la melancólica protagonista que añora a su poeta. Por último, Alexander Solórzano como Pessoa ofrece una oportuna interpretación cuya intensidad vocal y corporal se engranan para presentar la variedad de personalidades que asume el escritor. 

En definitiva, un trabajo que integra todos los elementos escénicos para ofrecer un producto de calidad.

Función: 5 de Febrero de 2012

Danza en la zona poética

En el Teatro Nacional, la Compañía Nacional de Teatro presentó Fecunda zona, basada en “Silva a la agricultura de la zona tórrida” de Andrés Bello, con coreografía y dirección de Rafael Nieves.

A partir la lectura del famoso poema de Bello, el baile y las sonoridades venezolanas invaden el escenario. El montaje se encuentra en los límites de la danza – teatro con mayor tendencia a la primera. Propone una búsqueda escénica desde la poesía de Bello y la recreación sobre el escenario de las diferentes secciones en que la dirección divide el poema.

La distribución escénica tiene a las líneas horizontales y diagonales, junto a los giros constantes, como símbolos coreográficos que se repiten en cada cuadro. Destaco los cuadros de los caballos y del cortejo entre hombres y mujeres porque logran una conexión directa con la vida del campo. De igual manera, sobresale el cuadro ritual en el que ser humano se convierte en animal.

La dirección musical de Jesús Durán, que también interpreta el cuatro, crea una atmósfera idónea para la coreografías. Está acompañado por Dora Chávez Carvajal en la mandolina y Jorge Villaroel en la percusión. En lo estético, el diseño de los elementos y muñecos por parte de Rafael Sequera y el vestuario de Samyra Recondo proponen una gama de colores en que lo térreo es preponderante. Esto se complementa con el apropiado diseño de iluminación de Alfredo Caldera y las proyecciones que evocan el paisaje agrícola.

El trabajo actoral está cargo de William Escalante quien guía de forma pertinente al espectador por los versos de Bello con la lectura completa del poema. Por su parte, los bailarines manejan eficientemente la corporalidad durante la representación. Existe un buen trabajo de integración energética y correspondencia coreográfica entre Hilse León, Isabel Story, Sain-ma Rada, Pedro Alcalá, Rafael Nieves y Luis Villasmil.

Es importante comentar que, en los últimos años, la Compañía ha producido espectáculos en los que la danza y la música son primordiales. Por esto, cabe preguntarse si volverán a presentar verdadero teatro en próximas oportunidades. No niego la calidad de las propuestas, pero esta institución debe retomar la creación a partir de un texto ya escrito, teniendo como base la amplia gama de autores nacionales. 

Por otro lado, la presentación inauguró las actividades del 2012 en el restaurado Teatro Nacional que junto con el Teatro Municipal, ubicado a pocas cuadras, el Teatro Principal, el Teatro Cristo Rey del 23 de enero y la próxima reapertura del Teatro Catia constituirán un circuito de presentaciones que beneficiará a los creadores escénicos en busca de espacios.

Función: 28 de Enero de 2012

Rubias misteriosas

La temporada teatral del 2012 empezó en el Teatro Trasnocho con el montaje del Teatro de Contrajuego y Hebu Teatro: 8 rubias platinadas, basada en “Huit femmes” (8 mujeres) de Robert Thomas, producción de Rossana Hernández y dirección de Orlando Arocha.

El título alude a la propuesta de que cada personaje tenga rasgos distintivos de actrices rubias de Hollywood con una interpretación en los límites de la farsa. Las ocho protagonistas son sospechosas del asesinato de Marcel, patriarca de la familia, y a lo largo de la trama van revelando aquellas que podrían ser las razones del crimen.

La dirección juega con un apropiado estilo policiaco que parece inverosímil cuando no maneja de forma precisa las entradas, salidas o permanencia en escena de los personajes y no controla el ritmo. Asimismo, el desplazamiento escénico luce atropellado. Por momentos, las actrices se solapan unas a otras y su distribución se percibe forzada para la situación que se desarrolla. Sin embargo, algunos rompimientos dentro de la “realidad” del montaje como desmayos en el sofá, uso de los escalones como asientos, entradas y salidas acompañadas de música y miradas cómplices al público funcionan mejor en el contexto de la comedia.

En lo estético, la escenografía de Armando Zullo proporciona un fondo monótono que permite el lucimiento del vestuario, además de indicar de forma pertinente las entradas y salidas y dar importancia al cuarto donde ocurrió el asesinato. El vestuario de Freddy Mendoza delinea el estilo de cada personaje en correspondencia con el ícono que desea representar.

En las actuaciones, son pocas las actrices que mantienen la imagen del personaje y le imprimen su carácter. Gladys Seco, como la sirvienta Lili, es la que más se aproxima porque ofrece veracidad a la hora de manejar su corporalidad e intenciones vocales a lo Marilyn Monroe. De igual forma, Nattalie Cortéz brinda los matices y gestos del personaje de Bibi, hermana del asesinado. Las secundan Haydée Favelora y Diana Volpe, ama de llaves y esposa del muerto, quienes ofrecen solamente un acercamiento a través de la expresión corporal. Por su parte, Ana Melo, Carolina Torres, Aura Rivas y Alexandra Vivas no logran integrar cabalmente la forma y contenido orgánico de sus personajes. 

Lamentablemente, este montaje tiene más fallas que aciertos. El mayor problema reside en el mal manejo de las situaciones dramáticas porque el conflicto avanza pero no aumenta la tensión sobre el escenario para que el final sea más contundente. No puedo dejar de reconocer el esfuerzo de producción, pero los demás elementos todavía no están engranados.

Función: 22 de Enero de 2012