Un retrato de las condiciones del teatro venezolano en la era chavista

Después de la toma de posesión de Hugo Chávez a raíz del triunfo en las elecciones presidenciales de 1998, se dio inicio a una transformación del sistema político venezolano mediante la instauración de un nuevo marco institucional. Entre los cambios ocurridos, estuvo la adopción de una nueva constitución que en el capítulo dedicado a los derechos culturales y educativos considera que “la creación cultural es libre.” Veamos si se han dado las condiciones para la libertad de la creación teatral en esta era.

Durante los primeros años de la, entonces, nueva presidencia, el sector teatral se vio afectado por la creación del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes que conllevó una restructuración de las escuetas políticas culturales y, por ende, del presupuesto. Al pasar los años, la integración de las tres áreas no fue satisfactoria, por lo que hubo un replanteamiento con la separación de Deportes. Luego, el Ministerio de Educación y Cultura se dividió hasta volver a un esquema anterior. El naciente Ministerio de Cultura pasó a agregar, como todos los otros, la denominación “del poder popular” y a cargarse de los eufemismos que acompañan al gobierno en los últimos años. Dentro de esta institución, se encontraba todavía el envejecido Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) que anteriormente regía y presupuestaba todas las actividades culturales del país, incluyendo la teatral. Las funciones del CONAC se transformaron para minimizar su influencia y burocracia, hasta que finalmente fue eliminado para concluir así con un organismo icónico en el ámbito cultural. Todos estos cambios que comento han sido más de forma que de fondo porque los nuevos entes han arrastrado los vicios de sus predecesores.

Es innegable que haber pasado de ser un viceministerio a un ente autónomo fue beneficioso en términos de presupuesto, pero no en su administración por las razones antes descritas. Dentro del ministerio, se creó el Instituto de Artes Escénicas y Musicales que, luego, dio pie a la creación de la Plataforma de las Artes Escénicas y Musicales donde se incluye a este instituto, al Centro Nacional de Teatro (anterior Compañía Nacional), entre otros. Estos organismos han influido en el quehacer teatral, sin embargo la mayor influencia ha sido de los ministros y de Director Sectorial de Teatro.

Comienzo por los últimos. Estos directores han llevado encima la marca de ser los que aprobaban la cuantiosa suma de subsidios que recibían una gran cantidad de agrupaciones. Su perfil se acerca más a un administrador de finanzas o tesorero que a un gerente que ejecuta las políticas y apoya la actividad teatral. Sin embargo, su mayor limitación residió en no resolver, en su momento, la tardanza en la entrega de los subsidios. Muchos subsidios se entregaban a finales de año, lo que ponía a correr a los grupos que debían realizar el proyecto presentado para poder recibir el dinero. Sin salas disponibles, los grupos hacían milagros para presentar algo y justificar la cantidad recibida, otros presentaban sus trabajos a principios del año siguiente y los más arriesgados empleaban su propio dinero sin la certeza de que el gobierno les daría los fondos aprobados y que muchas veces recortaba. La situación en el interior es más dramática. Sé de primera mano la escasez de recursos de que disponen los festivales de más larga data en el interior: Occidente y Oriente, por lo que no me quiero imaginar lo que era, y de seguro sigue siendo, el apoyo económico a los grupos  de las regiones.

Una desventaja que han tenido las agrupaciones es que las instituciones, en este caso el ministerio, supervisaba poco, o no supervisaba, lo que se hacía con el dinero que otorgaban ni se acercaban a ver los espectáculos que pagaban. Quizás, esta falta de información y supervisión creó la opinión contraria al teatro de uno de los peores ministros que hemos tenido, a mi juicio. Hablo de Francisco Sexto (o Farruco, como se hace llamar). Su enfrentamiento frontal con los hacedores teatrales se dio en una reunión que muchos recuerdan porque aseguró que no se iba a ir muy lejos al hablar de dinero y pronunció la frase “el subsidio es un vicio”. Este suceso fue el origen de una confrontación que trajo como consecuencia la eliminación de los subsidios y la calificación de un grupo de creadores como “perniciosos”, años más tarde. Esta última justificación se convirtió en un símbolo reconocible en el teatro de la censura imperante en el país (con la autocensura que vino después). No se puede esperar menos de un ministerio que ha tenido como cabecilla a un veterinario.

El espíritu de censura tiene como suceso importante la revisión hecha a un texto teatral que se presentaba en una sala del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG). Esto ocurrió porque uno de los actores hizo en escena un chiste sobre la realidad cubana. Los productores no le dieron mucha importancia a esto y eliminaron el chiste, pero otro chiste sobre la muerte del, entonces, recién fallecido Gobernador de Guárico le cerró las puertas del CELARG a un grupo reconocido por sus trabajos de improvisación.

Aunque, el suceso más criticado fue la no renovación del comodato de la edificación en la que funcionaba el Ateneo de Caracas. Diversas situaciones de índole político, hicieron que el gobierno, a través de Ministerio del poder popular para la Cultura, tomara esta decisión. Las protestas no funcionaron y una institución que fue clave en el terreno teatral tuvo que salir de su sede. El Ateneo tenía programación teatral todo el año, tanto en sus tres salas (Anna Julia Rojas, de Conciertos y Horacio Peterson) como en otros espacios no convencionales que se aprovechaban. Todos los grupos querían presentarse en este sitio y su programación se planificaba con meses de anticipación. Muchos factores de esta situación no están muy claros todavía.

Las actividades de apoyo al teatro que ha tenido el gobierno han sido puntuales. Los Ministerios del poder popular para la Educación Superior y para la Cultura se unieron para crear la Universidad Nacional Experimental de las Artes (UNEARTE). El edificio del antiguo Ateneo se convirtió en su sede principal y se comenzó una programación que ha dado cabida a diversas agrupaciones. Al principio, la universidad realizaba un pago por función a los grupos, ahora se cobra una entrada a precios muy bajos. Estas salas se insertaron dentro del llamado Circuito Teatral de Caracas, que podría constituirse como el proyecto chavista de mayor envergadura en el área teatral, junto al Festival de Teatro de Caracas. Lo más llamativo de esto es que no fue realizado por el ente rector, es decir, el Ministerio, sino por la Gobernación de Distrito Capital, la Alcaldía del Municipio Libertador y su organismo cultural, FUNDARTE. Estas instituciones demostraron que con interés, la buena orientación de las políticas culturales y el presupuesto necesario, se pueden concretar los planes. El Teatro Nacional, Municipal y Alberto de Paz y Mateos se unieron a los restaurados y rescatados Teatro Catia y Principal para conformar este circuito. El Teatro Urdaneta, antiguo cine, y otro más están por unirse. En este caso, la administración local se ha impuesto a la nacional para comprobar que la descentralización es un buen camino.

Además de este circuito, el otro proyecto que sorprendió a los creadores teatrales fue la realización del llamado Festival de Teatro de Caracas. Este evento fue una especie de encuentro nacional que dio cabida a muchos montajes de calidad variada. Conferencias y reflexiones sobre el teatro se vieron durante el festival, aunque las presentaciones musicales fueron la nota discordante. ¿Por qué no exhibir grandes espectáculos de calle en vez de contratar a cantantes? Estas son las paradojas de la administración de tendencia chavista.
El último gran proyecto, y cambio de nombre, es el Centro Nacional de Teatro, nueva denominación de la Compañía Nacional del Teatro. De este ente naciente, no puedo comentar mucho porque apenas se sentirá su impacto este año. Solamente, espero que elimine los vicios y errores de la antigua compañía que ha estado dedicada más a producir poseía teatralizada que verdadero teatro y realizó coproducciones con grupos del interior sin la supervisión adecuada y sin un criterio de escogencia que propicie su calidad.

Como se ve, las condiciones idóneas para la creación teatral han sido variadas: unas limitaron el quehacer, otras cambiaron las estructuras con diversas consecuencias y muchas han estado orientadas a intereses. Hay que ver qué depara el futuro.

Publicado en dos partes los días 6 y 7 de Marzo de 2013 en el Diario Tal Cual.

Caracas internacional (y II)

El Festival Internacional de Teatro culminó después de semana y media en la que una pequeña muestra de producciones del exterior y una nutrida representación venezolana exhibieran sus propuestas en diversas salas caraqueñas.

Desde Argentina, la agrupación Timbre 4 presentó El viento en un violín, escrita y dirigida por Claudio Tolcachir. Dos familias se cruzan en la vida: la primera está formada por una madre que ha criado a un hijo inútil, la segunda presenta a otra madre (señora de servicio de la primera) que debe aceptar la condición homosexual de su hija y a su novia. Tolcachir crea una historia contundente con un trasfondo terrible por debajo del humor que exhibe la escena. El trabajo del elenco y el manejo del escenario demuestran la capacidad de la dirección para crear un buen montaje en todas sus dimensiones.

La danza también estuvo presente con la Compañía de danza EDX2 de la República de Corea que presentó dos coreografías creadas por Lee In-Soo. La primera titulada Sentimiento moderno, pone en escena a dos bailarines en un juego de encuentros y desencuentros donde se aprovechan las posibilidades de la danza contemporánea. A causa de un por qué se denomina la segunda propuesta en la que un grupo de jóvenes buscan el sentido de una vida que empiezan a transitar con los movimientos de su cuerpo, sus acciones y la interrelaciones que establecen. En ambos trabajos se destaca un manejo excepcional de la plástica del cuerpo, del sentido coreográfico y del dinamismo en escena.

El grupo Cantieri Teatrali Koreja de Italia trajo Paladini di Francia, un espectáculo a medio camino entre el teatro infantil y juvenil, escrito por Francesco Niccolini y dirigido por Enzo Toma. Cuatro intérpretes representan a una serie de marionetas en tamaño real para contar historias vinculadas con las guerras del Renacimiento. Desde el punto de vista dramatúrgico, el montaje se dispersa en varias historias sin una progresión dramática definida que podría tener mejores resultados si se demarca cabalmente el principio y final de cada una o la interrelación entre ellas. Sin embargo, el trabajo de los actores es extraordinario gracias a su capacidad corporal de mantener una forma de representación cercana al guiñol que es manipulado por cuerdas y de diferenciar con franqueza a cada personaje. Se destaca el maravilloso vestuario creado a partir de utensilios de cocina y otros materiales que permiten reconocer bien a cada rol y reflejar el estilo de un muñeco.

La nota discordante fue la clausura del evento que requería un espectáculo de calle de mejor calidad al que se presentó.

En espera del próximo festival.

Funciones: 27, 30 y 31 de Marzo de 2013

Caracas Internacional (I)

El Festival Internacional de Teatro de Caracas (FITC) regresó este año con una oferta más limitada que la anterior edición del 2012. Sin embargo, sigue siendo una oportunidad para disfrutar de espectáculos extranjeros y servir de vitrina a las propuestas nacionales.

En el Teatro Chacao, la agrupación La Zaranda, Teatro Inestable de Andalucía La Baja (España), presentó Nadie lo quiere creer de Eusebio Calonge, dirección Paco de la Zaranda. Una vieja decrépita y enferma vive en una mansión en ruinas. En el largo proceso de su muerte, se muestra orgullosa de sus antepasados y hace que su criada y su sobrino representen a familiares muertos, mientras ellos esperan apoderarse de la casa.

La propuesta mantiene la estética grotesca, simbólica y esperpéntica que acostumbra el colectivo, cargada de humor negro. Sorprende la forma de cambiar los espacios que se arman y desarman con los elementos escénicos y la iluminación. El estilo de actuación se basa en la preeminencia del cuerpo sin dejar de lado el contenido verosímil del la interpretación vocal. La labor de Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos es excepcional, en especial por su capacidad de interpretar personajes femeninos si caer en el amaneramiento. Un gran montaje.

En el Teatro Trasnocho, el grupo Malayerba de Ecuador llevó a escena Instrucciones para abrazar el aire, dramaturgia de Arístides Vargas, Charo Francés y Gerson Guerra, dirección de Arístides Vargas. A partir de la historia de una niña robada tras el golpe militar de 1975 en Argentina, se plantean tres tramas que se mezclan: los abuelos que transitan una vida sin sentido, los padres que cocinan conejos para aparentar algo que no son al mismo tiempo que esconden una imprenta clandestina y una pareja de vecinos que no se soporta pero que están atentos a lo que sucede. De las tres situaciones, la mejor es la de los abuelos porque alcanza el tono de melancolía y desesperación. Las otras dos tienen una marcada tendencia cómica que no se vincula completamente con el planteamiento inicial más que por la referencia de la niña. Además, ambas alargan la representación haciendo que el desenlace no sea tan contundente.

En las actuaciones, Charo Francés y Arístides Vargas interpretan a la triada de personajes femeninos y masculinos, respectivamente. El trabajo de Francés tiene mayor fuerza debido al apropiado manejo de la corporalidad y de los matices para diferenciar cada rol. Vargas se muestra más plano y muy similar en sus interpretaciones. Pese a todo, el trasfondo del tema se comprende cabalmente. 

El festival continúa durante los últimos días de la semana mayor.

Funciones: 23 y 24 de Marzo de 2013

Ideas religiosas con tonos musicales

En el Teatro Chacao, CLAS Producciones presentó el musical Godspell, libro original de John-Michael Telebak, música original de Stephen Schartz, producción artística de Alfredo Coerria, producción ejecutiva y general de Claudia Salazar, dirección musical de Gabriel Figueira y dirección de Armando Álvarez. 

A lo largo de 15 escenas, una docena de jóvenes guiados por un maestro representan las parábolas de la biblia, expresan los mensajes de convivencia del libro sagrado y recrean el final de la pasión. Como su nombre lo indica, “la palabra de dios” es difundida a través de la representación, la coreografía, el canto y la música. 

La dirección se propuso la tarea de reinterpretar la forma en que se presentan las parábolas para ofrecer un tono jocoso con cada una de ellas sin que su mensaje implícito se pierda. Esto se logra cabalmente y se convierte en una estrategia idónea para transmitir las enseñanzas que están más allá del espectáculo. Cada escena tiene una directriz clara y en conjunto ofrecen la variedad que permite mantener la interés de los espectadores durante las dos horas y media de representación. Se destaca la orientación correcta y sin abuso de la improvisación al contrario de montajes anteriores del mismo director. 

Además, este trabajo supera el obstáculo de llevar a escena una historia discontinua y que refleja un estilo envejecido del musical. Para esto, se vale de la extraordinaria dirección coreográfica de Taba Ramírez, así como también del diseño escenográfico de Ramón Pérez Pina y el mismo director que se aprovecha al máximo. La ambientación posee un apropiado estilo urbano que permite jugar con desniveles. Asimismo, el diseño de vestuario de Valentina Wolfermann atavía de forma pertinente a los personajes con tendencias y coloridos juveniles. No puedo dejar de mencionar el diseño de iluminación de Víctor Villavicencio y Valentina Sánchez que refuerza el sentido espectacular de la propuesta y complementa las atmósferas que se logran con la interpretación y el canto. 

En las actuaciones, el elenco está nivelado. Todos los integrantes demuestran vivacidad y franqueza en escena, al igual que notables condiciones vocales en su canto. Se destacan Alejandro Torres, Carlos David León, Alí Rondón, Coquito y Natalia Román, secundados por Vera Linares, Daniela Martínez, Natalie Rego, Claudia Rojas, Juls Sosa, Julián Izquierdo, Alberto “Tico” Barnet y Taba Ramírez. 

Considero que esta propuesta se convierte en una forma atractiva de desmitificar, transmitir y presentar las ideas religiosas. Creyentes y no creyentes disfrutaron por igual del espectáculo.

Función: 16 de Marzo de 2013

Caracas de festival (II)

El Festival de Teatro de Caracas sigue en varios espacios de la Zona Metropolitana con una masiva asistencia de público.

En la Sala Horacio Peterson de UNEARTE, la agrupación Ensamble Teatral José Ignacio Cabrujas presentó El show de los enanos: Sonyanai Andy Micótico Estil, escrito por Osvaldo Blanco y William Urdaneta, y dirigido por este último. Este espectáculo de corte humorístico puso en escena a cuatro actores con un vestuario y prótesis que los hacían parecer enanos. Interpretaron de forma excepcional varias canciones románticas que servían de guía del show y de pausa entre una serie de escenas hilarantes. El sorprendente uso del lenguaje, buen manejo de la interrelación entre ellos y las improvisaciones conformaron un divertimento que todo el público disfrutó sin distinción. 

En el Espacio Arte Nativo, el grupo Teatro Grado 38 llevó a escena Critorium, texto de Guy Foissy, adaptación de Marina Guédez y dirección de Gregorio Milano. Tres mujeres esperan un autobús que las lleve al “critorium”, un sitio donde las personas son encerradas para que puedan gritar debido a que está prohibido hacerlo en la vía pública. El trasporte no llega y la tensión aumenta progresivamente porque quieren liberar su ira. 

Con este argumento que refleja las prohibiciones que impone una sociedad represiva, la dirección crea una atmósfera asfixiante que se percibe en el limitado uso del escenario y en el desarrollo de las relaciones que se establecen entre los personajes. Las actuaciones están bien delineadas por el trío de actrices con Maigualida Gamero y Marina Guédez a la cabeza, mientras que Gabriela Bolívar puede ofrecer más intensidad en sus matices. 

En la Sala Doris Wells de la Casa del Artista, Proyecto Azul montó Las siamesas, una y parte de la otra de José Antonio Barrios, dirección de William Cuao. Dos hermanas, unidas por sus cuerpos, discuten sus puntos de vista disímiles mientras esperan que vuelva el circo al que pertenecían. Al final, todo era un sueño de una de ellas. 

La trama de esta pieza no se sostiene de forma pertinente porque la situación dramática es muy débil. El conflicto interno de las siamesas se estanca desde el principio, por lo que se propone uno exterior que no resuelve el problema. La dirección trata de presentar un estado onírico que se desdibuja porque no mantiene la fluidez de las escenas, además que el texto no la ayuda. Las actuaciones son superficiales y poco creíbles. Verónica Ortiz se muestra débil y Gladys Prince se percibe plana. Esta última apela al lenguaje burdo para hacer reír público. En definitiva, un trabajo con muchos problemas. 

El festival continúa.

Funciones: 1, 2 y 3 de Marzo de 2013

Nota: El suceso que se vivió en Venezuela durante las últimas semanas condujeron a la suspensión del festival.

Caracas de festival (I)

El Festival de Teatro de Caracas regresó en su segunda edición como vitrina para una gran variedad de grupos nacionales que se presentan en diversos espacios.

La inauguración se realizó en el Teatro Nacional y estuvo a cargo de Lazo Producciones que presentó El último amante, texto del norteamericano Neil Simon, producción de Mimí Lazo y dirección de Luis Fernández. El argumento pone en escena a un hombre en principio tímido que desea ser infiel y para ello invita a una mujer que conoció en el lugar donde trabaja a la casa de su madre. Como no concreta nada, intenta llevar a cabo la infidelidad en dos oportunidades más aunque sin éxito.

Esta comedia juega con el tema de la pareja infiel e intenta dar un punto de vista que termina por ser tradicional pese al interesante manejo del humor. Sin embargo, el trabajo presentado por Fernández no posee la concreción necesaria porque permite un exceso de improvisaciones y situaciones que desvirtúan el texto. Esto hace evidente la imprecisión de los actores a la hora de seguir la trama original y convierten la representación en una mezcla de risa burda y fácil. En este sentido, las interpretaciones de Lazo y el mismo Fernández, que se muestran más precisas al principio, se pierden totalmente con las frases que incluyen para complacer al público. Igual sucede con la estética. La sala de un apartamento es decorada con tendencias minimalistas, aunque no se corresponda con la descripción que se ofrece de la misma ni con la condición social de la dueña del lugar. Todo lo anterior demuestra la falta de rigor y de sentido de la escena que Fernández ha mostrado como director en anteriores montajes.

En el Teatro Alberto de Paz y Mateos, la agrupación TEMPO (Teatro Estable de Muñecos del Estado Portuguesa) y el Centro Nacional de Teatro presentaron la coproducción La colección del peregrino, escrita por Daniel Di Mauro y dirigida por Carlos Arroyo. Este es un interesante espectáculo que integra escenas de teatro de actores con teatro de títeres para contar una parte de la vida de Lope de Aguirre, interpretado de manera extraordinaria por Aníbal Grunn.

En la Sala Rajatabla, Kabré teatro llevó a escena Hippos-equino, inspirada en Equus de Peter Shaffer, escrita y dirigida por Wilfredo Tortosa. Un joven que ha dejado ciegos a seis caballos es tratado por una psiquiatra que descubre cómo la religión le ha marcado la vida. La versión resta fuerza a muchas de las situaciones originales y la dirección agrega elementos no se integran cabalmente, solamente el personaje principal logra la franqueza que se requiere con su interpretación. 

El festival apenas está comenzando.

Funciones: 22 y 23 de Febrero de 2013

País santo, territorio de melancolía

En el Teatro César Rengifo de Petare, el Taller Experimental del Teatro (TET) presenta Tierra santa, texto de Elio Palencia, producción de Karla Fermín y Dirección de Costa Palamides. 

Dos hermanos se reencuentran después de muchos años. Mayor sufre porque su mujer lo corrió de la casa y tiene problemas con su amante, Segundo sobrevive con trabajos esporádicos y piensa en sueños que no puede cumplir. Ellos conversan acerca de su infancia, sus deseos y frustraciones para revelar lo que son. Son interrumpidos cada cierto tiempo por una serie de mujeres jóvenes embarazadas que forman parte de su familia. 

El texto de Palencia coloca en escena a personajes simbólicos que se identifican primero por el nombre genérico que les coloca: Mayor, Segundo, Adolescente embarazada; y poseen un trasfondo que refleja figuras icónicas del gentilicio venezolano: el hombre creyente que no puede controlar sus bajas pasiones, el hombre que vive odiando a su familia y espera que las oportunidades le caigan del cielo, y el alarmante aumento del embarazo adolescente. En este sentido, logra una pieza bien concatenada en su estructura interna. 

La dirección de Palamides propone una estética a medio camino entre el realismo y lo simbólico que se ajusta perfectamente a la temática y argumento de la obra. El diseño de escenografía de Edwin Erminy captura la esencia de un patio trasero abandonado donde Segundo se pasa el día viendo comiquitas y piensa en la vida que quiere tener. Los colores térreos acentúan la nostalgia de los hermanos y muestran el abandono que llevan en sus vidas. El vestuario de Raquel Ríos delinea correctamente a cada personaje, en especial el estilo de las jóvenes embarazadas. El diseño de iluminación de Víctor Villavicencio refuerza las atmósferas del montaje, sobre todo para mostrar la melancolía y desesperanza. 

En las actuaciones, Ludwig Pineda como Segundo aprovecha la corporalidad para crear un estilo grotesco y propone un trabajo vocal consecuente con la tipología del personaje. Guillermo Díaz Yuma como Mayor es más comedido es su interpretación de un hombre creyente. Maneja de forma correcta la expresividad corporal y presenta una propuesta vocal que podría reforzar más en su proyección, aunque logra transmitir la esencia del rol. Por su parte, Yazel Parra sorprende por su capacidad de diferenciar a cada una de las adolescentes embarazadas que aparecen en escena. Su actuación traspasa los distintos vestuarios y estilos de cabello que usa y transmite la energía y veracidad de cada joven. 

En definitiva, un montaje bien realizado que refleja símbolos del país e invita a la reflexión.

Función: 10 de febrero de 2013 

Comunismo y música rock

En la Sala de teatro 1 del CELARG, Teatro Forte presenta Rock n' Roll: La revolución del terciopelo del británico Tom Stoppard con producción de Gladys Seco (Bizarro A. C.), adaptación y dirección de Vladimir Vera. 

Un profesor y su alumno, ambos de tendencia comunista, viven en dos lugares diametralmente opuestos: Inglaterra y Checoslovaquia. A lo largo de 20 años, perciben los sucesos que van a devenir en la caída del comunismo y el desencanto por el capitalismo. Son dos seres rodeados de amigos y familiares que comparten un mundo casi imposible de cambiar. Sobreviven por la utopía, aunque su vida nunca ha sido la que desearon y el amor se convierte en una solución final. 

Por sus planteamientos, el texto de Stoppard es más discursivo que teatral complicando así su puesta en escena. La dirección intenta resolver esto con la ubicación de un conjunto musical en el fondo para interpretar las canciones que acompañan a la acción y propone una estética de revelación de la teatralidad con cambios de espacio a la vista de público y elementos de utilería que aparecen y desaparecen durante la representación con el apoyo de los asistentes de escena. Sin embargo, la historia ajena y la duración del montaje no logran la contundencia que el mensaje podría tener. El teatro sirve para distanciar y, así, criticar a la actualidad. En este caso, la conexión se da en pocos momentos y con algunas frases que podrían reflejar la utopía venezolana contemporánea, pero se pierden en la inmensidad de un discurso ajeno y largo. 

La propuesta escenográfica se percibe sencilla, mientras que el protagonista es el vestuario que coordina Fedora Freites y realizaron los alumnos de Instituto de Diseño Las Mercedes. Éste último indica la época (60’s – 80’s) y se muestra reversible, aunque la dirección no hace evidente esto. 

El trabajo actoral se muestra efectivo con Javier Vidal como Max, el viejo comunista, a la cabeza, Gladys Seco en sus dos interpretaciones: Eleonor y Esme, esposa e hija de Max, y Nattalie Cortez como Lenka. Son secundados por Elvis Chaveinte como Jan, el comunista joven, que se percibe más conectado en las escenas donde el personaje muestra su energía juvenil y Jesús Sosa que es acertado como Ferdinand y el Investigador. El resto del elenco interpreta correctamente sus roles. Entre ellos, se encuentran: Fabiola Arace, María F. Esparza, Domingo Balducci y Jan Vidal. 

Esta propuesta es la más densa que ha realizado la agrupación Teatro Forte. Rompe con su estética vanguardista y de dramaturgia desestructurada por un estilo más comedido con ciertos rasgos audaces pero su resultado no fue totalmente efectivo.

Función: 3 de Febrero de 2013

Matrimonio y religión

El Grupo Actoral 80 presenta El matrimonio de Bette y Boo del norteamericano Christopher Durang, bajo la producción de Carolina Rincón y dirección de Héctor Manrique, en el horario vespertino de la Sala de Conciertos del Centro Cultural BOD – Corp Banca. 

Bette y Boo son dos jóvenes que viven bajo la sombra de sus familias disfuncionales y que se casan sin conocerse. Estas dos circunstancias marcan su matrimonio y forman parte de la dura crítica que hace el autor a los preceptos de la religión católica.

El texto posee un carácter simbólico que se refleja en signos como la mujer destinada a procrear todos los hijos que pueda, el marido alcohólico que no cambia, el hombre que maltrata psicológicamente a la mujer mientras ella lo toma como una broma, la madre que desea que sus hijos fracasen para que vivan con ella, el marido minimizado e incapaz de poder comunicarse, la mujer enfermiza y obstinada que debe soportar a su marido, la joven que se siente culpable de todo y pide perdón religiosamente, y el cura que es incapaz de orientar correctamente a sus feligreses.

Esta obra fue montada hace años por la agrupación y mantiene la energía esa época, aunque el texto se siente un poco envejecido. En cambio, la dirección de estética simbolista no perdió su vigencia. El montaje mantiene el diseño original de escenografía y vestuario de Marcelo Pont-Vergés que sustenta el estilo simbólico con un fondo pictórico que enmarca el desarrollo de la acción  y el uso de una silla y varios bancos que sirven para el cambio de espacio. Los personajes mantienen prácticamente la misma ropa en todas las escenas como sentido claro de identificación y, sobre todo, reforzamiento de su significado dentro de la trama. 

En las actuaciones, se destacan los trabajos de los protagonistas: Melissa Wolf como Bette y Jesús Cova como Boo. Ambos son francos, intensos y manejan cabalmente las intenciones en sus interpretaciones. Son secundados por Omaira Abinade por Switche Hudlocke y Héctor Manrique como Karl Hudlocke quienes demuestran su experiencia en el manejo de los matices. Asimismo sucede con Martha Estrada como Emily Brennan, Iris Dubs como Joan Brennan y Jorge Canelón como el Padre Donally y El Doctor que logran una extraordinaria labor consolidada con los años. Son los únicos que repiten los roles de hace más de 15 años. Samanta Castillo como Margaret Brennan y Juan Vicente Pérez como Paul Brennan sorprenden por asumir dos personajes de mayor edad y su forma honesta de interpretarlos. Por último, Walid Hadaya como Matt se percibe pertinente pero debe ser más preciso en el texto.

En conclusión, una comedia negra para reflexionar. 

Función: 26 de Enero de 2013

Intolerancia de un beso

En el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, Ananás Producciones presenta Stop kiss, texto de la norteamericana Diana Son, producción de Reinaldo Cervini y dirección de Consuelo Trum. 

La obra trata del enamoramiento entre dos mujeres, Callie y Sara, y las consecuencias de la intolerancia cuando sufren el ataque de un hombre que las vio besándose. Para desarrollar esta historia, la autora alterna pasado, presente y futuro teniendo como eje central el proceso en que ambas se enamoran, sin embargo este desarrollo es poco teatral y compromete el ritmo de la representación. 

El teatro sintetiza y refleja la vida pero de ninguna manera, sobre todo en el teatro contemporáneo, refleja la trama de los personajes con tanto detalle. En este caso, la historia de amor entre las protagonistas propone una progresión muy pormenorizada que tiende a reducir el interés y alarga innecesariamente el argumento. Después de la hora de representación, la trama del detective que investiga los sucesos y otras escenas que informan lo que sucedió dan por cerrado la solución del conflicto. Además, esto hace que sea poco significante la inclusión en la trama del ex novio de Sara. 

La pérdida del ritmo y el alargamiento indican que la estructura de la pieza complicó la propuesta de dirección, aunque la puesta en escena de estética realista ofrece el estilo y tono necesario a cada escena. La única parte que podría corregirse es ubicar el beso en el centro del escenario. 

Luce llamativo el uso de la proyección en video para presentar algunas escenas. La dirección audiovisual es apropiada con la selección de los planos que reflejan los sentimientos de los personajes, pero cabe la posibilidad que la realización de estas escenas durante la representación ayude a la progresión dramática. Quizás con el avance de la temporada, las escenas fluyan mejor si bien esto no corrige las limitaciones del texto. 

Por su parte, el diseño de escenografía de Edwin Erminy presenta de forma pertinente dos espacios bien diferenciados: el apartamento de Callie y el cuarto del hospital donde Sara está convaleciente. De igual manera, el diseño de vestuario de Joaquin Nandez refleja el estilo realista y define de forma cabal a cada rol.
En las actuaciones, Sheila Monterola como Callie y Karina Velásquez como Sara son justas y sinceras en sus interpretaciones. La secundan los trabajos acertados de Agustín Segnini como George y Jesús Das Merces como Peter. Destaco la labor apropiada de Antonio Delli y Carolina Leandro en el video.

En definitiva, el montaje se presenta como una denuncia de la intolerancia pero no soluciona los problemas estructurales del texto.

Función: 20 de Enero de 2013