Reglas sin excepciones

Alid Salazar y Federico Pacannis se han dado a la tarea de estimular a un grupo de jóvenes estudiantes para que se interesen por el arte teatral. Como consecuencia de esto, han venido presentando varios espectáculos en la Sala de Teatro 1 del CELARG. Tuve la oportunidad de apreciar La excepción y la regla de Bertolt Brecht, producción general de Salazar y Pacannis, dirección de la joven Daniela Benaim.
Como parte de las “piezas didácticas”, esta obra de Brecht pone en escena una visión de los opresores y los oprimidos. Un comerciante, un guía y una culí, encargada de llevar el equipaje, van camino a un lugar donde el comerciante podrá realizar el negocio de su vida. A lo largo del trayecto, el comerciante maltrata a sus subordinados, despide al guía y mata a la culí pensando que iba a agredirlo. La premisa de la pieza queda muy clara: la regla del mundo es el abuso, no hay excepciones. Aquellos que el mundo considera inferiores son abusados porque no son capaces de pensar y cualquier gesto de bondad es una amenaza para quienes detentan el poder.
La dirección maneja apropiadamente la revelación de la teatralidad que exige el texto. Con una presentadora denominada “la conciencia” y una “bufona” que interactúan con el público, además de carteles y anuncios que indican los sucesos y los lugares de la acción, logran el efecto de “distanciamiento” que Brecht planteó para el teatro: el público no debe identificarse con lo que presencia sobre el escenario, sino que debe distanciarse para poderlo observar de forma crítica, reflexionar y comprender el mensaje que se quiere transmitir. Los personajes aparecen por la platea, expresan sus inquietudes a “la conciencia”, interrumpen la música y se dirigen directamente a los espectadores obligándolos a ser partícipes de lo que ocurre. Los elementos escenográficos funcionan cabalmente para el desarrollo de la acción, al igual que el vestuario de Tata Helmund y el maquillaje y peinados de Andrea Ayala en los roles femeninos, en cambio en los roles masculinos falta la mezcla de texturas, símbolos y maquillaje que evidencian la teatralidad. Destaco la dirección musical de Jesús Rafael Pérez con la interpretación en escena de Alejandro Vogeler porque logran la atmósfera para la acción.
Las actuaciones se perciben francas por el grupo de intérpretes con Paola Narváez como La Conciencia, Gabriela Pineda como La Bufona, Maya González como La Culí y Eliú Ramos como El Comerciante a la cabeza, secundados por Jihan Ramírez como la Juez, Keana Lomazzi como La Tabernera y Tomás Marín como el Guía.
En fin, un montaje bien realizado por este grupo de jóvenes creadores.

Angustia simbólica

El espacio “La caja de fósforos” sigue exhibiendo piezas que se alejan del estilo y los temas acostumbrados en la cartelera teatral caraqueña. En esta oportunidad presentan Díptico-Maeterlinck, dos obras cortas del Maurice Maeterlinck, Premio Nobel de Literatura 1911, con producción de campo de Germán Manrique y dirección de Orlando Arocha.
Maeterlinck es considerado el representante más importante del simbolismo en el teatro. Las piezas presentadas con: La intrusa e Interior.
En Interior, una mujer mayor decide si entra o no a la casa de una familia para informar una tragedia. Desde una ventana, ella y el hombre que rescató un cuerpo sin vida observan con perturbación la rutina que lleva la familia e imaginan todo aquello que causarían si informan del suceso.
En La Intrusa, una abuela ciega aguarda en una sala con varios miembros de su familia durante la víspera de la muerte de alguien. La oscuridad de la casa y la ceguera de la abuela los llevan a experimentar una serie de temores causados por los ruidos y las reacciones de la mujer.
En ambas obras, la angustia del ser humano se hace presente como tema fundamental. Los personajes son prototipos más que representaciones de personas sobre la escena. Este es uno de los signos de las creaciones del autor. El director cambia el género de los personajes principales de hombres a mujeres sin que por ello se pierda la esencia de las obras: la humanidad siempre estará a merced de las angustias que genera la vida. En la primera obra los personajes deambulan frente a una pared mientras espían el interior de la casa, en la segunda los personajes encerrados en la sala se sobresaltan debido a los sucesos exteriores. El ser humano posee estados internos y emociones externas que se complementan.
El diseño de escenografía del mismo Arocha maneja apropiadamente la ubicación del interior y exterior para ambas piezas. El vestuario se percibe cotidiano como si la angustia pudiera irrumpir en cualquier momento. Destaco el diseño de luces de Gerónimo Reyes que crea un contraste de luces y sombras para lograr la particularidad visual de extrañeza que requiere el montaje.
Las actuaciones buscan la naturalidad y contención de las emociones. Haydeé Faverola y Ernesto Campos se conducen apropiadamente en la primera obra, secundados por Estefanía Gómez y Emily Caraballo. En la segunda, Diana Volpe, Carolina Torres y Ana Melo consiguen la atmósfera requerida apoyados por Germán Manrique, María Alejandra Rojas, Ari savio y Ana Arroyo.
Espero que este espacio siga ofreciendo buenas propuestas con la selección de dramaturgia pocas veces representada en Venezuela.

Delirio y realidad

En el Centro Cultural BOD, el Grupo Actoral 80 presenta Sangre, en el diván, dramaturgia de Ibéyise Pacheco a partir de su libro homónimo, producción de Ana Alicia Pérez y dirección de Héctor Manrique y Pedro Borgo.
El Dr. Edmundo Chirinos relata al público, al igual que lo hizo en múltiples entrevistas con Pacheco, sus visiones acerca de la realidad nacional, su vinculación con la política, su interacción con varios  presidentes de Venezuela y cómo percibe los acontecimientos que condujeron a la muerte de la joven Roxana Vargas. A manera de monólogo, Pacheco extrae partes de su libro que demuestran la desconexión con la realidad que vivía Chirinos casi al final de su vida. Para Chirinos, todo lo que ha ocurrido en el país, desde que comenzó a estudiar en la universidad, fue causado por él.
La propuesta estética del montaje maneja apropiadamente los símbolos sobre la escena. La escenografía, diseñada por Manrique, ubica la acción en un espacio blanco a la usanza de los sanatorios de enfermos mentales. El espacio se proyecta en perspectiva hasta culminar en una pared decorada con una gran calavera: la muerte era una de las obsesiones de Chirinos según narra en la obra. Destaca el uso de una cámara superior cuyas imágenes se proyectan en los laterales del espacio para reafirmar aún más el desvarío de Chirinos. Esta ambientación blanca adquiere más coherencia con cada situación gracias a la iluminación de José Jiménez que aprovecha los reflejos sobre las paredes y el uso de colores en algunos momentos.
El Dr. Edmundo Chirinos es interpretado por Héctor Manrique. Manrique compone un personaje cargado de manierismos en la expresión corporal y con un trabajo vocal que juega con las intenciones subyacentes en el texto. Logra de forma excepcional integrar ambos. La creación del personaje también adquiere consistencia debido al maquillaje de José Antonio Freitas que ofrece una imagen cercana del Dr. Chirinos. Los delirios del personaje son narrados mientras se va vistiendo poco a poco hasta convertirse en médico. El personaje se va construyendo al mismo tiempo que se arma la impresión que éste causa en los espectadores. Esto es aprovechado por Manrique para interactuar con el público hasta que al final vuelve a despojarse de la ropa para, de forma circular, concluir la obra de la misma forma que empezó.
La dramaturgia presenta algunas debilidades en la estructura: no existe progresión entre el desvarío inicial y el momento en que intenta demostrar por qué no asesinó a la joven Vargas. Pese a esto, el espectáculo logra su cometido de mostrar a un ser humano incapaz de percibir su terrible realidad.

Un país en venta

En el Teatro Trasnocho, Image Class Producciones presenta Asia y el lejano oriente, texto de Isaac Chocrón, producción artística de María Eugenia Romero, Coordinación de producción de Sonia Wittman, producción general de Carlos Scoffio, versión y dirección de Javier Vidal.
Un país llamado “Asia y el lejano oriente” hace un plebiscito para que sus habitantes decidan si lo venden a una corporación. Este es el argumento central de un texto que aprovecha el teatro dentro del teatro para mostrar las inquietudes de los personajes con respecto a la “venta”. Un grupo de actores cuenta esta fábula en una especie de gran ensayo general que incluye canciones y bailes gracias a la atinada versión de Vidal. Chocrón quiere que la venta sea eso, un ensayo, una idea que solo surge en el teatro y que no se debe volver realidad. He ahí la vigencia de la obra.
El director crea un espectáculo musical para hacer digerible el duro trasfondo de la pieza sin perder su esencia. Con la música original de Federico Ruiz  y Santos Palazzi y las coreografías de Luz Urdaneta, emplea la simbología y estructura de este estilo teatral: una introducción musical, escenas de texto que se complementan con una interpretación musical y así sucesivamente hasta la canción final. La música evoca ritmos orientales y, en especial, ritmos suramericanos y caribeños para ubicar la historia en cualquier país latinoamericano. La puesta en escena y las coreografías se integran de forma excepcional. La propuesta de ambientación de Carlos Medina es idónea porque representa un espacio de ensayo que evidencia el juego de teatro dentro del teatro presente en la pieza. Asimismo, el diseño de vestuario de Silvia Vidal y Carla Scorza atavía a los actores con ropa de ensayo de color negro que sirve de base para usar varios elementos y asumir diferentes roles. La iluminación de Martín Flores complementa lo anterior a la hora de crear juegos de luces propios de musical.
En el trabajo actoral, la interpretaciones lucen honestas enmarcadas dentro de la forma del teatro musical, destacándose un buen manejo vocal durante las canciones y admirable expresión corporal en la labor coreográfica. El elenco está conformado por Julie Restifo, Gladys Seco, Natalia Román, Fabiola Arace, Marla Flores, Gonzalo Velutini, Gerardo Soto, Oswaldo Maccio, Fernando Azpurua y Jan Vidal Restifo.
La reflexión que me surge es pensar en el endeudamiento que posee Venezuela. Acaso, ¿esto no es vender el país? Al final, “Asia y el lejano oriente” es invadida por aquellos que la compraron. Pensemos si queremos ser invadidos por aquellos a quien le debemos o si no lo estamos ya.

Experiencias atormentantes

En la Sala de Teatro 2 del CELARG, la agrupación novel Fundación Primera Escena presenta Lado D, texto de Youssef Abrache, producción general de Weidry Meléndez y dirección de Rufino Dorta.
Una mujer se dedica a recordar las peores experiencias en la vida mientras éstas se materializan sobre el escenario. Con esta idea, el autor crea un argumento simbólico en el que la mujer, llamada simplemente D, es atormentada por cuatro seres denominados progresivamente como D1, D2, D3 y D4. La originalidad reside la capacidad de colocar en escena un conflicto de carácter interno a través de una especie de espectros que representan a aquellas personas y estados emocionales que perturban a D, sin embargo cada tormento aparece y desaparece sin que se llegue a algún lugar. Para la mujer existen dos soluciones: seguir atormentada (lo que podría conducir a la locura) o ser capaz de tomar conciencia y comenzar a resolver sus problemas. El final de la pieza no es claro en este sentido y ahí reside su debilidad.
La dirección aprovecha la premisa del texto para crear un montaje cargado de imágenes que reflejan los símbolos presentes en él. El diseño de escenografía de Ángel Pájaro propone un camino de pétalos por donde transita D como espacio frontal y uno posterior por el cual deambulan los seres. En este último se ubica una estructura de metal oxidado alumbrada con velas y con un espejo. Ese camino inicial de aparente calma y belleza es invadido por lo desgastado, lo onírico, los reflejos de una vida que abruma a D. Esto se logra también con diseño lumínico, también de Pájaro, que demarca el cambio de las situaciones en un ambiente de sombras. El vestuario, diseño del director, atavía a los seres de beige claro con telas ligeras, mientras que D posee un abrigo y bufanda que la cubren como si buscara protección. Cada personaje solo posee el calzado de un pie, mientras que el otro usa el del otro pie. Dos hombres y dos mujeres como existencias que se dividen y se complementan angustian a la protagonista.
En las actuaciones, la labor de Daniela Micucci como D se percibe ajustada a transmitir las emociones de una mujer aturdida. Ángel Pájaro como D1 y Weidry Meléndez como D2 poseen intensidad y veracidad en la composición de sus roles, mientras que Frederick Peña como D3 y Daniela Locurto como D4 son eficaces en su interpretación.
La pregunta final para el grupo es: ¿por qué escoger este texto? Las obras que una agrupación presenta van creando una línea estética. En este caso, parecen interesarse por piezas más experimentales al contrario del realismo imperante en la escena venezolana. Una decisión totalmente aceptable.

Limpieza casera

El Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense culminó en los espacios La Caja de Fósforos y El Dedal, ubicados en la Concha acústica de Bello Monte. El último montaje presentado en La Caja fue La casa limpia, texto de Sarah Ruhl y dirección de Gabriel Agüero.
Matilde, brasilera, está contratada para limpiar la casa de Lane, pero no lo hace bien porque se siente deprimida debido a la muerte de sus padres. Virginia, hermana de Lane, se hace amiga de Matilde para que sea ella quien limpie la casa. Charles, esposo de Lane, decide abandonarla porque encontró su alma gemela en Ana, una argentina que padece de cáncer de seno. Con este argumento, la dramaturga crea una historia que no sigue la estructura tradicional del drama y que muestra a personajes que están tan sucios como la casa. Lane es una mujer que se concentra en su trabajo y descuida a su marido, Virginia limpia y averigua la vida de su hermana para encontrar sentido a su vida, Matilde solo desea crear el chiste perfecto ya que heredó el sentido del humor de su padres, Charles consigue la justificación perfecta para abandonar a su esposa y Ana se deja arrastrar por un último amor y vive sin complicaciones debido a que la muerte se aproxima.
La originalidad de la pieza reside en presentar situaciones poco convencionales y momentos de humor a la hora de manejar dos conflictos: la limpieza de la casa y la separación de Charles y Lane. La puesta en escena mantiene la propuesta de un espacio blanco en todos sus elementos como lo exige el texto y se apoya en la iluminación. El diseño de vestuario ofrece una identidad precisa a cada personaje con el uso de la simbología: al principio Matilde está vestida de negro y lleva una máscara de mono, Virginia usa un vestido de ama de casa típica, Lane es una doctora impecable y los padres de Matilde aparecen como figuras espectrales cargados de elementos coloridos, esto se pierde un poco con los cambios sucesivos de vestuario. Igual sucede con el manejo del ritmo escénico que va decayendo porque las entradas, distribución y desplazamiento de los personajes pierden continuidad. Era necesario limpiar el adicionado constante de símbolos para cada escena o ser más minuciosos en su selección.
En las actuaciones, Diana Peñalver como Virginia y Francisco Denis como Charles componen de forma excepcional sus personajes. Nattalie Cortez como Lane y Carolina Torres como Ana se perciben acopladas en su roles y Patricia Pacheco como Matilde es oportuna en su interpretación.
Hay que agradecer la posibilidad que tuvo el público caraqueño de apreciar una selección de ocho piezas de diversas tendencias a lo largo de tres meses.

Temas, público y precios

El año entra en su último trimestre y la cartelera teatral empieza a renovarse con nuevos estrenos después de las llamadas “vacaciones escolares”. Restan dos meses para el final de la temporada 2014 porque en diciembre se exhibe muy poco teatro. El público se interesa más por las celebraciones navideñas, aunque algunos espacios han mantenido abiertas sus puertas en años anteriores con resultados positivos.
Ahora bien, la creciente inflación del país ha influido también en los precios de las entradas. Existen lugares que han sido comedidos con el aumento de precios mientras que otros establecen un costo dependiendo de la figura televisiva que protagoniza el trabajo.
Por ejemplo, los “stand up comedy”, heredados de la tradición norteamericana, mantienen un público cautivo interesado en divertirse con rutinas de la vida diaria y una carga político-social que cada día más va en aumento. Figuras televisivas y una serie de nuevas personalidades que ha encontrado eco en los medios son los protagonistas de los espectáculos más costosos de la cartelera. De igual forma sucede con los monólogos cuyos costos son elevados.
Con respecto a la temática, la cartelera mantiene los contenidos desgastados de la sexualidad y de la relaciones de pareja como principales. Creo que los productores y directores consideran que eso es lo que el público desea ver para escapar de la crisis política sin considerar un amplio abanico de opciones en la dramaturgia venezolana y mundial. Algunos parecen romper el molde, si bien la comedia consigue más adeptos que el drama. Poco a poco, la creciente emigración venezolana se ha colado en los temas y textos que tocan la crisis actual también han aparecido.
No puedo dejar de mencionar el teatro dedicado el público infantil. Las vacaciones es la época de mayor auge para este teatro con temáticas tradicionales: hadas, príncipes, princesas, reyes y piratas, junto a cuentos que ha adquirido importancia mediática. Ha habido un aumento de las historias que juegan con el lenguaje o hablan con la influencia de la tecnología en el niño. Es común que durante el horario vespertino siempre se encuentre teatro para niños en todos los espacios teatrales. La mayoría de los precios están por debajo del teatro para adultos, sin embargo algunos sitios no establecen diferencias.
Como se puede inferir, estoy hablando de la oferta que ofrecen los espacios de carácter privado pero aquellos que reciben aportes del Estado poseen un target diferente y precios muchos menores. Muy pocos espectadores son capaces de asistir tanto a unos como a otros. El público siempre tendrá la decisión final.

Una reseña de la formación teatral

Con el comienzo de un nuevo año escolar, considero importante comentar acerca de algunas oportunidades de formación teatral que existen en Caracas.
La institución pionera en el estudio académico del teatro es la Escuela de Artes, perteneciente a la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela, donde se confiere el título de Licenciado en Artes, mención: Artes escénicas. Su enfoque primordial es el teatro sin dejar de lado la danza. Aunque su perfil es más teórico e investigativo, la práctica tiene su espacio.
Con una orientación más práctica, se encuentra la Universidad Nacional Experimental de las Artes creada con la fusión de los antiguos Institutos Universitarios. UNEARTE tiene dos salidas intermedias como Técnico superior universitario: Artes y oficios teatrales, y Producción de campo de Artes escénicas. Un estudio de cuatro años lleva al título de Licenciado en Teatro, menciones: Actuación, Diseño Teatral, Dirección Teatral, Dramaturgia y Gerencia y Producción Teatral.
Frente a la academia, la tradición ha convertido a las llamadas “escuela de teatro” en los sitios por excelencia para la formación. Una de las más antiguas es la Escuela Superior de Artes escénicas “Juana Sujo”. Junto a ella, se encuentran la Escuela Municipal de Teatro “Porfirio Rodríguez” y la Escuela Nacional de Artes Escénicas “César Rengifo”. Todas ellas tienen en común que los estudios tienen una duración de dos años.
En la misma línea, está el Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas cuyo programa de formación está como mínimo en un año. Siguiendo, esta idea algunas agrupaciones poseen talleres largos, si bien uno de los pocos que se ha mantenido es el de la Fundación Rajatabla con su Taller Nacional de Teatro (TNT), mientras que otros grupos solo dictan cursos.
En el interior del país conozco la presencia de Escuelas de Teatro en Maracay y Guanare.
El ritmo de vida de la actualidad y la necesidad de resultados inmediatos ha hecho que muchas personas decidan realizar los llamados “cursos” que pretenden formar a una persona en pocos meses. Algunos programas dividen el aprendizaje en etapas o crean niveles para intentar profundizar en él. Lo que sí considero descabellado son aquellos talleres de horas, días o fines de semana que intentan dar una visión integral del teatro.
Este tema ha sido el centro del debate entre los que han cursado estudios formales. Es importante reconocer que el arte requiere estudio, dedicación y tiempo. Los cursos jamás formarán completamente a una persona y un título no forma de manera completa al artista. Todo depende el interés de la persona.

Posadera novedosa

El Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas, ubicado cerca de la estación del Metro Bellas Artes, mantiene un programa de formación anual que culmina con la presentación de un montaje. De esta forma, los participantes muestran el resultado de su proceso académico y experimentan el hecho teatral completo: actores frente a un público. Tuve la oportunidad de apreciar el trabajo final del taller integral 2013 – 2014 que se exhibe en el teatrino de la institución: La posadera, texto de Goldoni, llevado a escena bajo la dirección de Joseph Rivero, uno de los docentes.
Rivero aprovecha el espíritu joven y cargado de energía de los nuevos actores para crear un montaje ecléctico que mezcla estilos y sonoridades. Como punto de partida, tiene la música norteamericana y caribeña de los años 50 del siglo pasado. Las situaciones creadas por Goldoni calzan perfectamente en la locura desbordada de los inicios del Rock n’ Roll y en el tono romántico del son, la guaracha y el guaguancó. En la historia, Mirandolina es una posadera cuyo cariño es cortejado por un marqués, un conde y su criado, sin embargo ella se dedica a enamorar a un caballero que dice despreciar a las mujeres. Como buena comedia, ocurren una serie de enredos que se resuelven bien y pretenden demostrar la capacidad que tienen las mujeres de dominar a los hombres con sus encantos.
Desde el punto de vista de la ambientación, dos muebles decorados llamativamente constituyen la escenografía. Estos son aprovechados al máximo para reflejar todos los espacios de la obra. Asimismo, el diseño de vestuario de María Eugenia Gutiérrez se percibe ajustado a la época que marca la música, al igual que la correcta iluminación de Víctor Villavicencio. Destaco la capacidad de la dirección de armar las situaciones en equilibrio, desplazamiento y, sobre todo, ritmo para que la acción de desarrolle apropiadamente. Además, juega con el intercambio de roles: todas las actrices asumen el rol de Mirandolina y de otros personajes en diferentes momentos.
El trabajo de los intérpretes noveles es franco y oportuno. Rossybel González, Victoria Figuera, Alicia Valle y Alexandra Parada interpretan a Mirandolina, además de Hortensia y Deyanira. Por su parte, José Antonio Reyes es el Caballero de Rocatallada, José Alberto Briceño es el Marqués de Forlipópolis, Edward Parúh es El Conde de Albaflorida y Fer Garantón asume a Fabricio y Panchito, dos criados. Una recomendación: cuidarse del exceso de improvisación y mantener siempre la concentración en las funciones.
Siempre es bueno escaparse de los típicos circuitos teatrales de la ciudad para apreciar otros trabajos.

Negociaciones poco significantes

El Circuito de Teatro de Caracas mantiene una programación constante con precios económicos durante todo el año. Los teatros que lo conforman, del centro y oeste de la ciudad, poseen su público, aunque esta iniciativa todavía adolece de una publicidad decente para algunos espacios como el Teatro Alberto de Paz y Mateos. Esto, aunado a una programación intermitente que no permite alcanzar una media de espectadores, me parecen las causas de la casi nula asistencia a la función que presencié de En la soledad en los campos de algodón, texto de francés Bernard-Marie Koltés, que presenta la agrupación Teatro Ouróboro bajo la dirección de Alberto Alcalá.
En la pieza, un “dealer” (comerciante) aborda a un cliente que se acerca, el primero tiene algo que ofrecer mientras que el segundo está a la expectativa pero no se confía. Con este planteamiento inicial, Koltés presenta a dos personajes incapaces de escapar de las negociaciones que establecen. No importa qué se quiere comprar ni qué es lo que se vende, sino la relación entre ambos. El texto está cargado de una serie de metáforas que circunscriben las relaciones humanas en el campo de la comercio, siempre hay algo que se negocia en el mundo.
Para un texto cargado de símbolos se requiere una puesta en escena que lo decodifique, sin embargo no se logra en esta oportunidad. Para comenzar, el trabajo actoral debe tener conciencia del trasfondo del argumento y ser capaz de transmitir el sentido metafórico de cada frase. Alcalá como El comerciante y Reinaldo Rivas como El cliente se perciben planos con algunos momentos de intensidad pero sin la debida comprensión del subtexto. Además, no logran la conexión entre ambos roles porque su energía está dispersa, incluso existen desplazamientos sobre una silla de ruedas, aproximaciones, distanciamientos y enfrentamientos cara a cara que se quedan más en la forma escénica que en el significado que puedan tener con respecto al texto.
En el plano artístico, el diseño de escenografía muestra un lugar abandonado, recargado de escombros, ropa y dos refugios. El concepto pretende mostrar un submundo, un sitio donde la pobreza reside, como lugar donde ocurre la negociación. Esto se acerca más a una propuesta, sin embargo posee elementos sin sentido como, por ejemplo, la ropa ubicada de forma equilibrada sobre el escenario. Igual sucede con el vestuario que se muestra poco significante en El comerciante, en cambio El cliente posee una camisa transparente para simbolizar la claridad de sus argumentos. El trabajo lumínico está mejor logrado en su juego de luces y sombras.
En fin, mucha forma y poco contenido.