Pasiones shakesperianas

En el centro Cultural BOD, se presenta Otelo de William Shakespeare, diseño de producción de Margarita Lamas, versión y dirección de Javier Moreno.
La clásica tragedia shakesperiana en la que Otelo, un moro, mata a su esposa Desdémona instigado por las mentiras de Yago, su alférez, es llevada a escena con una visión contemporánea. La dirección plantea una puesta en escena ecléctica en la que formas tradicionales y ciertos rompimientos anacrónicos dan forma al montaje. De un prólogo enérgico en lo físico, pasamos una escena tipo “comedia del arte” para continuar con la esencia del drama que se desarrolla, junto a algunos agregados de humor negro y momentos musicales que conducen al público sin desviarlo de conflicto.
El diseño de escenografía de Valentina Herz propone elementos geométricos para el desarrollo de la acción, un pasillo frente al escenario sirve de entrada y salida ofreciendo una imagen asimétrica del escenario que es aprovechada para destacar ciertas situaciones. El vestuario de Raquel Ríos muestra el estilo contemporáneo con el uso del jean y botas en los hombres y vestidos ligeros en las mujeres, si bien algunos elementos como las chaquetas evocan la época isabelina, una bata el estilo morisco y la vestimenta de Emilia la moda oriental. La iluminación de Francisco Cuervo es sutil en los cambios de tiempo y espacio pero los demarca apropiadamente.
En el trabajo actoral, William Cuao como Otelo y Antonio Delli como Yago están a la cabeza. Cuao ofrece el tono de veracidad y fuerza que requiere Otelo, además interioriza de forma adecuada las situaciones de perturbación que vive el personaje. Delli demuestra una conducción excepcional de las intenciones que subyacen en el texto de Yago con intensidad y verdad. Asimismo, Norma Monasterios compone de forma real los roles de Emilia y Brabancio, y Francisco Obando como Rodrigo se percibe orgánico y honesto en su interpretación, además de otros roles pequeños que crea admirablemente. Por último, Jean Manuel Larrad se muestra sincero como Cassio y el Dux, mientras que Raquel Yanez propone una imagen liberal de Desdémona pero requiere mayor fuerza vocal y control de las expresiones faciales en su interpretación.
En una cartelera teatral caraqueña cargada de comedias ligeras, espectáculos que tienen mucha forma y poca profundidad o que se aprovechan de la trayectoria televisiva de un intérprete para atraer el público, siempre en necesario que se presente un clásico y si, además, es capaz de impactar por la forma idónea en que se conduce el reflejo de las pasiones humanas presentes en él, pues no queda otra que agradecerlo.

La suerte de la buena gente

Continúa el Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense en el espacio La Caja de fósforos de la Concha Acústica de Bello Monte. El segundo montaje que se presenta en ese lugar es Buena gente, texto de David Lindsay-Abaire y dirección de Diana Volpe.
Margaret pierde su trabajo a causa de las constantes llegadas tarde. Esto hará que le toque encarar las escasas oportunidades que tiene en la vida. Sin embargo, buscará ayuda en Mike, un amor de juventud, quien vive cómodamente y del que intentará aprovecharse. Este argumento le sirve al autor para reflejar una temática común en la dramaturgia norteamericana: el drama de los desafortunados que no encajan en el sistema de vida del país y el de aquellos que tuvieron mejores oportunidades. La calidad de las relaciones humanas se sopesa para determinar quién puede calificarse como buena gente y quién no a la luz de las circunstancias que la vida te pone al frente.
La puesta en escena se maneja en términos realistas en todos los niveles con algunos elementos simbólicos presentes en la adecuada escenografía diseñada por Rafael Sequera. El escenario presenta tres ambientes bien diferenciados: la clase necesitada hacia el lado derecho con el lugar donde despiden a Margaret y la sala de su apartamento, la clase pudiente al lado izquierdo con el consultorio y la sala de la casa de Mike; y en el medio el bingo donde se decide la suerte de Margaret y se planifica una mentira en busca de sobrevivir. Una gran bandera de los Estados Unidos cuelga de lado al fondo indicando que su sociedad es así: por un lado, los que alcanzaron el “sueño americano”, por el otro, los perdedores que subsisten en el día a día y, en el medio, los que medianamente viven con su trabajo. El diseño de vestuario de Raquel Ríos se mantiene en el realismo con una distinción clara de las clases y de los personajes. Esto se complementa con el apropiado diseño lumínico de Gerónimo Reyes.
El trabajo actoral se percibe real en todos los intérpretes con Carolina Leandro como Margaret a la cabeza. Leandro le imprime verdad a la psicología de un personaje que justifica la vida desafortunada que lleva. Es secundada por Eulalia Siso como Jean y Haydée Faverola como Dottie, ambas excepcionales en la composición de su roles. Por último, destaco la labor acertada y franca de Rosalía Blanco como Kate y Carlos Abbatemarco como Mike, ambos justos en el matiz de cada rol, además de la interpretación de Jonathan Mora como Stevie quien captura la imagen del personaje.
Con esta propuesta, la directora encara un texto que fluye con apariencia ligera pero que presenta un trasfondo duro como lo hace la buena dramaturgia.

Latinoamérica es un vestuario de hombres

En la Sala Experimental del Centro Cultural BOD, el Grupo Teatral Emergente de Caracas presenta Vestuario de hombres, texto del argentino Javier Daulte, producción y dirección de Jesús Delgado.
Un equipo venezolano de lacrosse se dispone a  disputar la final de un campeonato en Turquía. Los jugadores y el entrenador del equipo desean ganar a toda costa sin importar lo que tengan que hacer para lograrlo ni las consecuencias. Con esta premisa, se presenta un texto que podría clasificarse como drama con momentos de comedia. Daulte estructura la pieza en dos cuadros: antes y después del partido, para reflejar temas comunes de una sociedad latinoamericana que parece estar en permanente crisis: la traición de las convicciones, la importancia del poder por encima de los méritos, la necesidad del éxito y la capacidad de sentirse orgulloso al conseguirlo aunque sea de la manera más corrupta posible. De igual manera, muestra tópicos incómodos del deporte: la discriminación sexual y el dopaje.
Apoyado en una conveniente adaptación de la obra a la realidad venezolana, la puesta en escena mantiene un buen ritmo. Las entradas, salidas y distribución de los personajes están estructuradas de forma apropiada para presentar las situaciones que se desarrollan en el vestuario. Esto demuestra una habilidad excepcional por parte de la dirección. Sin embargo, el mayor acierto consiste en manejar un tono realista, casi naturalista, de las actuaciones que se percibe también a la hora de representar sin prejuicios los momentos de cambio de ropa y el baño de los personajes. El diseño y realización de escenografía de Marcos Chocrón complementa lo anterior a la hora de representar idóneamente el vestidor de un equipo deportivo y la propuesta de vestuario está ajustada en términos del realismo.
El trabajo actoral se percibe correcto en el manejo de la organicidad de la interpretación. Se destacan Slavko Sorman como Gabriel, Mohammed Alkhaldi como Mehmet, Gabbo Estévez como Martín, Jesús Hernández como Sánchez, César Augusto Roa como Pedro y Pedro cambas como Sebastián, quiénes logran una labor verosímil, secundados por la franqueza de Guillermo Londoño como Ramírez, Daniel Torres como Hernancito, Marcos Chocrón como César y Alejandro Caballero como Luisito.
Para concluir, esta agrupación logra un montaje bien acoplado en sus elementos, enmarcado en un texto de apariencia cómica que impacta por la violencia y significación de su final ¿Será que el latinoamericano se regodea en la mediocridad? ¿Somos tan engreídos que no reconocemos nuestros errores y aplastamos al contendiente que vencemos?

El precio de la fama

En la Sala Cabrujas de Cultura Chacao, la agrupación Proyectos en ebullición presenta Las lágrimas se secan solas, producción de Gonzalo Irigoyen, texto y dirección de Alexis Márquez.
En un espacio desconocido, coinciden las almas de Amy Winehouse y Edith Piaf luego de la muerte de la primera. Winehouse no comprende la situación en la que se encuentra y Piaf se encarga de hacerla entender. Con esta idea original, el texto se propone sopesar el precio de la fama a través de la vida de sufrimiento que llevaron ambas artistas a pesar del éxito que tuvieron. Esta es la vinculación que el autor establece entre dos íconos que vivieron en tiempos y espacios diferentes. La idea de Piaf recibiendo a Winehouse y conduciendo su alma por los caminos desconocidos de la muerte es interesante, sin embargo el texto tiene algunas deficiencias. Podría revisarse la progresión dramática: una situación es causa de la anterior y el desarrollo del conflicto (la negativa de Winehouse de aceptar su destino) debe ir aumentando progresivamente. En este caso, la tensión y el conflicto se mantienen estáticos de principio a fin con la misma intensidad. El mayor logro está constituido por la sucesión de escenas que muestran momentos de la vida de Winehouse.
La dirección plantea un estilo simbolista con los elementos necesarios para desarrollar el argumento. Un espacio único con dos sillones, una alfombra y varias imágenes colgantes de las artistas sirven de escenografía. Un único atuendo refleja de manera perfecta la forma de vestir de cada una. Sin embargo, la debilidad del texto también se percibe en la forma en que se desarrollan las situaciones sobre el escenario: requiere que sean progresivas. Asimismo, el desplazamiento escénico podría ofrecer mayor precisión como símbolo de la puesta en escena. En su mayoría, las actrices deambulan, van de lado a lado o se ubican al mismo nivel para dialogar. La sucesión de escenas de Winehouse está mejor planteada. Destaco la propuesta de maquillaje de Albert Smith debido a que muestra de manera cabal una imagen muy cercana de las artistas.
En el trabajo actoral, Indira Figueroa como Amy logra conectarse con los estados emocionales del personaje hacia el final de la representación, sin embargo al principio se percibe tensa en su manejo corporal. La extrañeza que le produce al personaje desconocer lo que está sucediendo puede manejarse con mayor soltura. Por su parte, Mariangel Hernández como Edith propone una caracterización vocal y corporal más ajustada y mejor lograda, aunque podría jugar más con los matices del texto.
En fin, una idea original con algunas desavenencias.

Las obsesiones de Bolívar Coronado

En el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, el Gimnasio de Actores presenta Bolívar Coronado, texto de Lupe Gherenbeck y dirección de Matilda Corral.
Rafael Bolívar Coronado, el autor de la letra del “Alma llanera”, es visitado por Vicente Lecuna en España para una entrevista. Este encuentro será el comienzo de una travesía que lo conducirá hasta su muerte. El texto creado por Gherenbeck se encarga de reflejar los momentos finales de la vida de Bolívar Coronado y su obsesión por asumir cientos de nombres. Muestra las diferentes facetas del autor, su debilidad por las mujeres, las críticas a la dictadura de Juan Vicente Gómez y su capacidad creativa, no obstante cada situación que plantea queda sin resolución definitiva. La persecución por el Cónsul en España del gobierno de Gómez y el engaño a Rufino Blanco Fombona son dos conflictos que podrían conducir la progresión dramática de la obra, en especial el primero, aunque se quedan más en momentos fortuitos y desvinculados. La ausencia de conflicto central se convierte en la debilidad de la estructura pese a la forma en que se conduce la representación.
La dirección crea una puesta en escena donde un mismo espacio se transforma en múltiples espacios con cambios en los elementos escenográficos. En este sentido, varios objetos que se mueven y cuadros que aparecen y desaparecen se convierten en los símbolos que identifican el lugar. El desplazamiento de los actores ofrece el sentido necesario que permite ubicar los cambios constantes de sitio y de situación que plantea el texto. Esto se apoya también con el diseño de iluminación de Gerónimo Reyes para recrear los espacios. Ahora bien, las debilidades del texto hacen que el ritmo escénico sea inconstante sin permitir la compenetración de la representación. Por su parte, el diseño de vestuario de la misma Gherenbeck evoca de forma correcta el estilo de la época.
En la labor actoral, se destaca la interpretación de José Gregorio Martínez como Rafael Bolívar Coronado. Se percibe franco y correcto en las diferentes emociones por las que transita el personaje. Es secundado por María Alejandra Rojas como María quien muestra veracidad y fuerza. El resto del elenco conformado por Jariana Armas, Ana Lucía Salamanca, Andreína Salazar, Teo Gutiérrez, Saúl Mendoza y Jorge Roig lucen pertinentes en sus roles.
En definitiva, un texto de carácter histórico que toca un momento de la vida de un venezolano adelantado para su época pero que deja muchos cabos sueltos. El teatro tiene la capacidad de sintetizar la realidad y reinterpretarla, sin embargo en este caso se queda en su reflejo evidente.

El país no ilustrado

En el Teatro Trasnocho, el Grupo Actoral 80 presenta El americano ilustrado, texto de José Ignacio Cabrujas y dirección de Héctor Manrique.
El drama de los hermanos Lander vuelve a escena gracias a la agrupación que se ha dado la tarea de mantener vivo el legado de Cabrujas. Anselmo Lander, obispo, ama en secreto a la esposa de su hermano y desea colgar los hábitos, mientras que Arístides Lander, secretario de protocolo del gobierno, siente que su vida no tiene sentido porque no ha logrado nada relevante en ella. Esto sucede con una de las presidencias de Antonio Guzmán Blanco, llamado “El ilustre americano”, como contexto, junto al inicio de las negociaciones de la deuda externa con el Reino Unido que culminaron en la pérdida del Esequibo.
En esta pieza, como en sus mejores obras, Cabrujas demuestra su capacidad de ubicar el argumento en el pasado para hablar del presente. Pero, el presente de Cabrujas, fallecido en 1995, se sigue pareciendo a la actualidad del país o el país se niega a cambiar.
Manrique propone una puesta en escena de estilo realista demarcada por un ritmo trepidante en las acciones y el aprovechamiento de un espacio único que se convierte en todos los espacios de la acción con cambios en la ubicación de los objetos y uso de utilería. La dirección de arte de Diego Rísquez y el vestuario de Eva Ivanyi se complementan para evocar la época en ambientación y vestimenta.

El punto fuerte se encuentra en las actuaciones de Juvel Vielma como Anselmo Lander y Daniel Rodríguez como Arístides Lander que se perciben intensos, veraces y aplomados en la composición de sus personajes. Juntos ellos, Martha Estrada como María Eugenia Lozada, Angélica Arteaga como Rosamunda Lander y Juan Vicente Pérez como Eloy González son francos y correctos en los matices de cada rol. Mención aparte se encuentra la labor de Luis Abreu como Guzmán Blanco y Vicente Peña como Damián y, también, como Oliver Perret, personaje que aprovecha al máximo. Por su parte, Marxlenin Cipriani como Samotracia López, Omar Pérez como Rajah-Haji y Wadih Hadaya como Mc Shelley son pertinentes en sus trabajos.


Como es costumbre, los montajes que hablan del país, sea en presente o en pasado, dejan un eco en la mente de los espectadores. Las conversaciones con el representante del Reino Unido se convierten en una morisqueta de diálogo. No puedo evitar pensar en los múltiples intentos de diálogo que nos han vendido los líderes políticos y en la morisqueta en que se convierten. Ahora, pensemos en un país que no ha querido, no ha podido o no lo han dejado ser ilustrado (culto, instruido). Así, la obra concluye: “No pasa nada. Celebremos.”

La familia en extinción

En la Caja de Fósforos, ubicada en la Concha Acústica de Bello Monte, se celebra el primer Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense, dirección general de Orlando Arocha y Diana Volpe. Con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos, se presentarán ocho piezas de autores actuales de ese país. Para ello, también abrieron un nuevo espacio llamado El Dedal.
El festival comenzó en la sala principal con la presentación de Pterodáctilos, texto de Nicky Silver y dirección de Orlando Arocha.
Todd, un joven infectado con VIH, regresa a su casa porque necesita un lugar para quedarse. En ella, encuentra a Emma, su hermana, que posee una actitud infantil y olvida todo lo que vive; Tommy, el novio de Emma, quien solo recuerda las experiencias sexuales del convento donde se crió y niega su homosexualidad; Grace, su madre, que vive de las apariencias pese a su alcoholismo y Arthur, su padre, que quiere conectarse con él y termina siendo un desempleado. Con este planteamiento, el autor hace una crítica mordaz al ideal clásico de la familia que parece destinado a extinguirse como lo hicieron los pterodáctilos a los que alude el título. Silver pone en escena a unos seres dañados frente al único cuerdo: Todd, el homosexual sin conflictos, que sobrevivirá mientras los otros mueren víctimas de la falsedad que pretenden ocultar.
Arocha aprovecha el humor negro latente de la pieza para crear el montaje. Estructura de  manera precisa las entradas, salidas y desplazamientos sobre el escenario para lograr el ritmo de las escenas y emplea las melodías de musicales clásicos de Hollywood para resaltar partes del texto que muestran, sin medias tintas, la dureza del argumento. Esto da un tono de comedia agridulce a la representación. El público se divierte frente a lo terrible que sucede en escena. El diseño de escenografía de Ricardo Morales es absolutamente funcional y ofrece un fondo uniforme para que el vestuario de Joaquin Nandez resalte. Cada personaje se convierte en un símbolo en escena con la vestimenta que muestra la irrealidad en la que viven (inspirada en íconos del cine), solo Todd está ataviado de forma realista.
El trabajo actoral equilibra la veracidad, fuerza, expresividad y manejo vocal de los personajes con Javier Figuera como Todd, veraz en todas sus intervenciones; Vera Linares como Emma, captura y transmite la esencia del personaje; Ricardo Nortier como Tommy, preciso en las intenciones y libre de prejuicios; Diana Volpe como Grace, atinada en la imagen y energía del rol; y Djamil Jassir como Arthur, justo en los matices de su composición.
En fin, un excelente comienzo para el festival.

Una crítica del idealismo democrático

En la Sala Rajatabla, la agrupación Escena de Caracas presenta Contra la democracia, texto del catalán Esteve Soler, producción artística de Karla Fermín y dirección de Juan José Martín.
A lo largo de siete escenas, Soler se propone demostrar si efectivamente la democracia es el “gobierno del pueblo”. Para ello, pone en escena a personajes comunes y otros no tan comunes, es decir, verdaderamente gente del pueblo, ciudadanos en situaciones que le sirven para criticar los pilares del considerado “mejor sistema de gobierno”: las elecciones, la libertad de pensamiento y de culto, la economía, la familia y el manejo del poder. La ironía, el absurdo, la sátira y el humor negro están presentes en el texto.
La puesta en escena se dispuso a aprovechar el estilo surrealista y aparentemente ilógico del texto para proponer una estética expresionista. Esta apropiada orientación de la dirección refleja los contenidos subyacentes de la dramaturgia y permite que la representación tenga consistencia de principio a fin. Las situaciones se desarrollan en un vaivén constante entre la tensión y relajación con las pausas necesarias que, en conjunto, buscan transmitir la premisa de cada una.
El diseño escenográfico de Héctor Becerra plantea un espacio único con dos entradas, una inferior y otra superior, una escalera lateral y varios compartimientos en los lados del escenario. Esta ambientación es empleada en todas sus posibilidades para desarrollar las escenas. La propuesta de vestuario de Nadeschda Makagonow logra de forma acertada proyectar el símbolo que representan los personajes en cada situación, acompañados de la atinada realización de objetos y efectos de Oscar Salomón. Mención aparte merece la selección musical de Fer Garantón y el mismo director que sirve de ilación entre cada sección del montaje y adquiere protagonismo en la escena final. Cada melodía escogida se acopla a las circunstancias que aparecen en escena.
La labor interpretativa es realizada de forma destacada por Nadeschda Makagonow, Delbis Cardona y Rafael Gil. El trío de actores asume todos los roles del compendio de escenas. Los tres muestran intensidad, sutileza, un correcto manejo de las intenciones, de la expresividad corporal y, en especial, veracidad a lo largo de los personajes que interpretan.

Nuevamente, Escena de Caracas lleva a escena un texto comprometido y que invita al espectador a dejar de lado la pasividad desde su butaca. Nuestra forma de pensar y de interpretar la realidad es una de los aspectos que no debemos traicionar, sobre todo, si los ideales democráticos no son realmente lo que dicen ser.

Un funeral y una realidad

En la Sala Experimental del Centro Cultural BOD, la nueva agrupación 4X4 Producciones presenta Te dejo la corona, texto de Karin Valecillos y dirección de Giovanny García.

Cuatro amigas se encuentran en un funeral con la intención de establecer contactos, encontrar el amor, codearse con gente de clase alta y conseguir trabajo. Con esta premisa, comienza un texto de apariencia ligera y fino humor negro que acerca al público a una visión más de la realidad del país. Daniela, Isabel, Rosalba y La Chiqui tienen intenciones muy claras cuando asisten al funeral, aunque nada les sale bien. Entonces, sus dramas personales salen a flote para revelar que la sociedad venezolana se ha dedicado cada día más a valorar los contactos, las apariencias y el qué dirán por encima de los esfuerzos personales, el nivel educativo y los sentimientos. Sin embargo, la dramaturgia apela a la comedia y una serie de referencias culturales de la actualidad para que el público se divierta y el trago no sea tan amargo. He aquí la virtud del texto.

La dirección propone una puesta en escena que refuerza el humor negro del texto. El público es recibido como si asistiera a un funeral para después encontrarse con un espacio con cuatro sillas cargado de coronas decoradas de manera exagerada. En este sentido, la escenografía diseñada por Oscar Salomón se percibe atinada. A partir de aquí, los desplazamientos escénicos se plantean con la distribución equilibrada de las actrices, pero siempre enfocados en resaltar las situaciones humorísticas. Éstas son apoyadas con la acertada propuesta musical de Eduardo Luis Hernández. Es necesario resaltar la imagen que proyecta cada personaje. El vestuario, los accesorios y el maquillaje se complementan perfectamente para reflejar la esencia de cada rol y, en especial, asumir una apariencia distinta dentro del funeral que enmarca el argumento.

El trabajo actoral mantiene una línea realista con algunos toques del exceso propio de la comedia. Los mejores trabajos son de María Alesia Machado como Rosalba y de María Gabriela Díaz como Daniela. Ambas se conectan con la realidad de sus roles. Por su parte, Carla Muller trasmite las intenciones de La Chiqui hasta el punto de vincularse con sus sentimientos, mientras que Diana Díaz logra la imagen y se conecta con los deseos de Isabel, pero son personajes que se irán afianzando durante las funciones.

En fin, me encuentro frente a un grupo que podría seguir una línea de teatro que toque temas comprometidos a través del humor para invitar al espectador a divertirse, pero también a pensar acerca de los que está viendo y proyectarlo a la realidad.

Amor y felicidad

El Teatro Santa Fe, ubicado en la Torre del Colegio de Médicos, se ha consolidado como una alternativa más en la oferta teatral de Caracas. En una de sus salas, se presenta La máxima felicidad, texto de Isaac Chocrón, producción de Carlos Scoffio y dirección de Nelson Lehmann.

Perla, Pablo y Leo conforman una familia o un experimento, como le llama Pablo. Han traspasado sus prejuicios y lo de la sociedad para alcanzar una felicidad máxima que descubren que solo se logra entre tres. Con esta premisa, el maestro Chocrón reflexiona sobre el amor y el ideal de felicidad que sobrepasa la visión social en un texto que nunca perderá su vigencia.

La puesta en escena asume el realismo como estética del montaje en vinculación con el estilo del argumento. Aprovecha la distribución bifrontal de la sala para ubicar en el medio de los espectadores todos los elementos escénicos que representan el apartamento donde viven los personajes, quienes deambulan por la escena en correspondencia como se desarrolla la trama. El estilo contemporáneo que luce el espacio se refuerza en ciertos aspectos que actualizan las situaciones de un texto escrito hace 40 años como el uso de aparatos portátiles de sonido con audífonos. En este sentido, la propuesta escenográfica luce acertada al mostrar un ambiente común que comparte el trío. Por su parte, el diseño de vestuario de Raquel Ríos también ofrece un aire actual a los personajes sin traicionar su esencia: el paso a la vejez, la adultez y la juventud.

Complementa la propuesta, el diseño lumínico de Gerónimo Reyes que parte de la oscuridad mientras las luces se van encendiendo hasta abarcar todo el escenario demarcando con claridad el realismo de la escena y se desaparece sutilmente hasta llegar al oscuro total en el final. Mención aparte la selección y música original de Nacho Huett que apoya con certeza las atmósferas que se producen durante la representación.

En las actuaciones, se destaca el trabajo de Mayte Parias como Perla con una capacidad extraordinaria de transmitir el paso de un sentimiento a otro a lo largo de la trama. Se percibe atinada en gestos e intenciones. Gonzalo Cubero maneja sutilmente pero con verdad y seguridad la caracterización de Pablo. Es excepcional en sus expresiones y movimientos. Por su parte, Jornell Ariza como Leo consigue la imagen corporal del rol, pero se limita a la hora de transmitir los sentimientos. Por momentos, es capaz de ir más allá en sus emociones aunque debe reforzar la proyección vocal.

Textos como este invitan a revisar la dramaturgia de los maestros venezolanos y un montaje bien realizado invita a apreciar el buen teatro.