Teatro moderno en proyecto

En la Sala de Teatro 2 del CELARG, la agrupación Hebu Teatro presenta “Proyecto August Strindberg” para celebrar el centenario de la muerte de este dramaturgo sueco, considerado uno de los padres del teatro moderno. En doble función, se puede disfrutar de las piezas: El Pelícano y La Señorita Julia, con producción ejecutiva de Diana Volpe, producción general de Rossana Hernández y dirección de Orlando Arocha.

El estilo opresivo y la misoginía que se le atribuye a Strindberg se percibe en ambos textos. En el primero, con la madre desnaturalizada que mata de hambre y frío a sus hijos y se enamora del marido de su hija, y, en el segundo, con la joven de clase alta que pierde todo en manos de un aprovechador.

La dirección es excepcional en la conformación de las situaciones. Como espacio escénico, ambas representaciones comparten una estructura de madera con tres espacios que se acondicionan con una variedad de elementos para diferenciar las dos realidades. La rigidez de la estructura refleja el ambiente asfixiante de los textos, además es utilizada para dividir las relaciones entres los personajes. El paso de un espacio al otro está determinado por el desarrollo de la trama y tiene un peso simbólico. Esta certera propuesta escenográfica contrasta con el vestuario, ambos diseñados por el director, debido a que posee un estilo de época, aunque sirve para demostrar la imagen de cada personaje.

En las actuaciones de El pelícano, Diana Volpe mantiene un atinado control del cuerpo y el tono vocal que demarcan las intenciones de Elisa, la madre. Asimismo, Ricardo Nortier como Axel, el yerno, y Nirma Prieto como Margaret, la criada, transmiten de forma pertinente los propósitos de cada papel. Por su parte, Daniela Leal como Gerda, la hija, ofrece la imagen del personaje pero debe ser más intensa y recalcar los matices. Por último, resalta el trabajo de Jesús Nunes porque propone una dejadez corporal que refuerza con una voz intensa para transmitir las angustias de Federico, el hijo.

En las actuaciones de La Señorita Julia, existe una adecuada compenetración. Yuri Pita se luce como Julia porque demuestra una comprensión cabal de las diferentes emociones. Además, equilibra el paso entre una situación a otra hasta llegar al desenlace. Abilio Torres compone con firmeza y veracidad a Juan, el mayordomo. Mantiene una postura sobria y un tono de voz sereno que acentúa lo terrible del personaje, al mismo tiempo que rompe con esto cuando es necesario. Finalmente, Rossana Hernández se percibe justa como Cristina.

Para concluir, no puedo dejar de comentar lo atractivo que resulta este proyecto. Hay claridad estética, sin embargo el público no se encontrará con textos complacientes y puede que reaccione al final como aquellos espectadores con los que compartí las funciones: permanecer en silencio.

Funciones: 24 de Mayo de 2012, ambos montajes.

Juventud revisada y leyendas mezcladas

En el Teatro Nacional, el grupo Rajatabla presenta una revisión de su montaje: Cuando quiero llorar no lloro, basado en la novela homónima de Miguel Otero Silva, adaptada y dirigida por José Domínguez. El argumento es el mismo: tres jóvenes, uno de clase baja, otro de clase media y el último de clase alta, nacen y mueren el mismo día, tienen conflictos con sus padres y comparten el nombre de Victorino.

 Esta revisión vino cambios de elenco, escenografía, puesta en escena y de adaptación. Esta última mantiene el equilibrio original entre acción y narración, y concentra mejor las tres tramas. Los únicos desaciertos consisten en el abrupto comienzo que no refleja el nacimiento y destino común de los Victorinos, además de la escena y coreografía del bar que lucen descontextualizadas.

Con una estética simbolista, la dirección aprovecha los niveles de una escenografía compuesta de andamios cuya parte central está decorada con los colores de la bandera nacional. Este dispositivo facilita la variedad y pertinencia de la entrada y salida de personajes, junto a los desplazamientos. Resalta la apropiada selección musical que refleja la época.

En las actuaciones, el elenco de mayor experiencia es pertinente, mientras que los Victorinos de Jean Franco De Marchi y Ernesto Campos son veraces e intensos, por encima del trabajo de Ángel Pájaro. También participan los integrantes o recién egresados del Taller nacional de teatro que ofrece el grupo, aunque se preocupan más por proyectar la voz que por manejar la dicción e interpretar el sentido del texto.
En definitiva, un montaje mejorado.

En la Sala de Conciertos de UNEARTE, la agrupación Arteú monta Odisimbad, texto de Xenia Kalogeropulu, con producción general de Karla Fermín y traducción, concepto y dirección general de Costa Palamides. El texto mezcla las historias de Odiseo y Simbad, el marino. Para regresar a su hogar, Odisimbad está destinado a pasar por las mismas pruebas de aquellos de los que recibe su nombre.

La puesta en escena se resuelve de forma simbolista y con los recursos necesarios. El montaje es vivo y con mucho humor, la escenografía y el vestuario son sencillos pero claros, y la música de Palentis Palamidis es sugerente. Resaltan las correctas actuaciones del mismo director como Odisimbad y Nakary Bazán como la ayudante Marufa, junto a Germán Manrique y Jonell Páez en múltiples roles. 

Ambos montajes, forman parte de la programación del circuito que conforman unos cuantos espacios teatrales del Municipio Libertador con la reciente inclusión de las salas de la UNEARTE. La oferta es variada, tanto para adultos como para niños.

Funciones: 19 y 20 de Mayo de 2012

Gigantes discusiones ideológicas

En el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, se presenta La novia del gigante, texto, producción y dirección de Luigi Sciamanna.

En vísperas de la visita de Hitler a Italia y su paso por Florencia, el Comandante Talo, fascista y adorador de Mussolini; Dalla Chiesa, Cardenal de Florencia; y el Profesor Innocenti discuten sobre el destino de Lidia Montalcini, judía y admiradora de “El gigante”, como se conoce a la estatua: el “David”, esculpida por Miguel Ángel. La trama se desarrolla con debates sobre la política, la teología católica, el sentido del arte, la discriminación racial, la ciencia manipulada y la libertad, para conformar un texto agudo y sin medias tintas.

Los diálogos que se desarrollan son, más que todo, disertaciones ideológicas. Por esta razón, el texto carece, en su mayoría, de acción teatral. Esto es resuelto por la dirección cuando relaciona los desplazamientos con el sentido de las escenas como, por ejemplo, los encuentros entre el Comandante y la Sra. Montalcini cuya acción es trasladarse de un lado a otro para reflejar la caminata. Asimismo, se apoya en el uso de varias sillas para recrear los espacios. Esto luce apropiado porque ofrece variedad y amplitud para el movimiento sobre todo en las discusiones, y se convierte en el retrato de la manipulación durante el interrogatorio a la Sra. Montalcini en la que el Médico cambia constantemente de lugar. Por otro lado, se destaca la presencia de un mueble central que sirve como asentamiento de la utilería, la cual se usa o aparece según se necesite.

Todo lo anterior indica la presencia de una estética simbolista que refuerza aquello que representa cada personaje, a saber: el Comandante es el fascismo, el Cardenal demuestra las contradicciones de la iglesia, la Sra. Montalcini es el pueblo judío perseguido, el Profesor es la cultura y el arte limitados por el poder y el Médico es el cómplice del poder.

En el trabajo actoral, resalta Antonio Delli como el Comandante por la forma convincente, intensa e irónica que maneja las intenciones en clara vinculación entre voz y cuerpo. Lo secundan, Armando Cabrera como el Cardenal porque emplea de forma notable los matices, Gerardo Soto como el Médico quien mantiene idóneamente un tono monótono y excesivo control del cuerpo para lograr un efecto perturbador y, finalmente, Elio Pietrini como el Profesor cuya interpretación es pertinente. María Fernanda Ferro como Lidia Montalcini pareció desconcentrada porque no tenía seguridad en el texto, si bien logra momentos intensos y reales.

Para finalizar, es imposible no percibir la relación que existe entre la trama y la situación actual de Venezuela.

Función: 13 de mayo de 2012

Débil tempestad y efectiva manteca

Una diversidad de espectáculos forma parte de la programación del circuito que reúne a los espacios teatrales del centro y oeste de Caracas. Este circuito se ha convertido en una alternativa económica para el público y de amplia apertura para los creadores.

Dentro de la oferta, la agrupación Veneteatro, proveniente de Los Teques, presenta La tempestad de William Shakespeare, con dirección de Dante Gil. Varios personajes naufragan en una isla debido a la tempestad causada por Próspero, especie de mago y rey del lugar, que atrajo al barco para vengarse de una vieja deuda.

El texto posee tres tramas que confluyen al final. De las tres, la mejor trabajada por la dirección corresponde a los tres cómicos que deambulan considerándose dueños de la isla. Los actores se acercan a la esencia de los personajes, aunque con algunos problemas de dicción. Esto es más preocupante cuando no se comprende lo que dicen los actores de las otras dos tramas, no proyectan la voz y se desplazan de manera insegura por el escenario, además que entran y salen por el mismo sitio de forma injustificada sin representar su recorrido por la isla.

Con una propuesta simbolista, la ambientación intenta reflejar a la isla con telones de fondo e iluminación, aparte de usar una base de andamio incómoda para su traslado y decorada de forma tosca. El vestuario está mejor manejado con un estilo que refleja a cada rol, salvo el duende Ariel cuyo traje luce descontextualizado en su colorido y forma.

Luego de dos semanas de temporada en el Teatro Municipal, este débil trabajo estará en el Teatro Principal.

En el Teatro Nacional, Teatro K producciones presenta Manteca, texto del cubano Alberto Pedro Torriente, producido y dirigido por Morris Merentes. En la pieza, tres hermanos deben tomar una decisión que les facilitará la vida pero, mientras deciden, expresan sus miedos, frustraciones y carencias en una Cuba que ya no goza del apoyo de la Unión Soviética.

Con un texto contundente y reflexivo, el director crea una espectáculo efectivo y penetrante. La puesta en escena de desplazamientos puntuales se aprovecha de una escenografía realista y minuciosa, junto a la  atmósfera particular que da la música tropical.

En las actuaciones, Varinia Arráiz como Dulce maneja de manera excepcional las intenciones del personaje cuyas emociones fluyen con desenvoltura y veracidad en cada situación. Asimismo, Jesús Hernández como Pucho se percibe veraz en el decir y preciso en su gestualidad, y Adolfo Nittoli como Celestino ofrece intensidad y variedad de matices. Los tres se conectan cabalmente. 

Un trabajo bien acoplado en todos los sentidos.
Funciones: 5 y 6 de Mayo de 2012, respectivamente.

Lágrimas amargas de depresión

En la Sala de Teatro 2 del CELARG, el Teatro del Contrajuego presenta Las amargas lágrimas de Petra Von Kant de Rainer Werner Fassbinder, dirección de Orlando Arocha.

En cinco cuadros, Petra Von Kant, famosa diseñadora, se obsesiona con la joven Karin Thimm, a quien conoce gracias a su amiga Sidonie, cena con ella y se enamora, luego conoce su verdadera cara antes de que la abandone y, por último, muestra su depresión frente Valeria y Gabriela, su madre e hija, estando siempre acompañada de Marlene, una criada silente.

La puesta en escena de esta pieza comienza con sobriedad. Se aprovecha la escenografía, diseñada por el director, cuyo foco principal es una pasarela sobre la que los actores se desplazan de lado a lado y, por momentos, se sientan o agachan para conversar. El personaje de la criada emplea con mayor amplitud sus posibilidades como testigo mudo de la acción. Posteriormente, la escena se carga con múltiples códigos que rompen lo anterior y se diluyen porque se superponen unos con otros y no mantienen la estética. Uno tras otro aparecen en escena sin un significado claro.

Con mayor claridad, los personajes adquieren consistencia gracias al vestuario diseñado por Joaquín Nandez. Estilos, colores y texturas delimitan los roles y apoyan el símbolo que ellos representan como la vanidad de Petra, la exuberancia de Karin y la inocencia de la hija.

En esta propuesta, los personajes femeninos son representados por hombres, salvo la criada. Despojados de maquillaje y manteniendo su voz masculina, los actores asumen cada rol con gestos, poses e intenciones sin llegar a la feminidad. En este sentido, cada actor ofrece el matiz de la emoción y la demuestra con su cuerpo sin vivirla plenamente. Son “actores representando” más que personajes en el sentido tradicional del término.

Ricardo Nortier como Petra Von Kant y Javier Figuera como Sidonie logran mejor esta idea, por encima de Julio Bouley como Karin y Alejandro Díaz como Gabriela quienes deben controlar mejor los matices y evitar el amaneramiento. Diana Peñalver como Marlene se muestra pertinente en sus expresiones, sin bien luce incorrecto que hable o cante, mientras que Djamil Jassir como Valeria luce débil y poco convincente.

Al final, los actores, sin las ropas femeninas, cierran el espectáculo expresando frases a favor del amor libre. Esto se convierte en la moraleja innecesaria de una obra que habla de la obsesión y la depresión producto de ésta. 

Con altas y bajas, esta agrupación sigue su línea estética. Sus trabajos se soportan sobre interesantes códigos escénicos que, en este montaje, no se integran cabalmente.

Función: 28 de Abril de 2012

El amor es complicado

En el Teatro Escena 8, el Grupo Theja presenta De todas todas, texto y producción general de José Simón Escalona, producción ejecutiva de Angélica Escalona y dirección de Javier Vidal.

La obra pone en escena a “El Señor”, un hombre mayor, que convive con “El Joven” en una relación que considera amorosa. A pesar de estar agradecido con las facilidades que ha tenido y el equilibrio que ha logrado en su vida, El Joven decide irse del apartamento que comparte con El Señor porque se casará con una mujer. Este es el punto de partida de un texto bien hilado que utiliza de forma espléndida el lenguaje y se apoya en un fino humor. Sin embargo, el final le deja al público la responsabilidad de imaginar lo que podría ser la continuidad del argumento.

Con un evidente contenido homoerótico, el texto se destaca por los pequeños soliloquios que sirven de comienzo y vinculación de las secciones de la acción. Estas escenas, en las que El Señor reflexiona acerca de lo que significa el amor, constituyen la premisa del autor y sobrepasan las relaciones homosexuales para representar a cualquier relación de pareja. Además, el uso de nombres genéricos para los personajes indica que cualquier “Señor” o “Joven” podrían verse reflejados.

La dirección se plantea en términos del realismo con un manejo correcto del desplazamiento y equilibrio escénico. Establece una vinculación con el público cuando los personajes emplean la tarima que está al frente del escenario. Se destaca el uso de video como apoyo para contar la historia y para presentar los pensamientos de los personajes.

La ambientación recrea a cabalidad diferentes espacios del apartamento y se integra con el desarrollo de la historia, así mismo el vestuario de Giovanni Scutaro se percibe correcto en el estilo elegante en que atavía al Señor y en la forma particular que viste al Joven para reflejar los beneficios que posee en su relación. De igual forma, la selección musical se convierte en un símbolo más de la escena porque crea la atmósfera idónea en cada una de las situaciones.

En las actuaciones, Gonzalo Velutini se muestra veraz y pleno de matices como El Señor. Compone excepcionalmente su personaje porque aprovecha cada frase que dice y se apoya en la gestualidad para exteriorizar las emociones de su personaje. Por su parte, Nacho Huett como El Joven es intenso en su interpretación y maneja de forma pertinente las intenciones que corresponden a cada situación, pero puede moderar la tendencia a exceder la tensión en varios momentos. 

En definitiva, un montaje para reflexionar, con la ayuda del humor, acerca de lo complicado del amor en las relaciones humanas.

Función: 19 de Abril de 2012

Regresó el Festival Internacional (II de II)

Hace unas semanas, culminó el XVII Festival Internacional de Teatro. La Fundación Festival Internacional de Teatro con el apoyo de las Alcaldías de Baruta, Chacao y Sucre fueron los artífices de su regreso con el auditorio de la Asociación Cultural Humboldt y los teatros Chacao, Trasnocho y “César Rengifo” de Petare como sedes principales.

De los últimos cinco días del festival, resalto los siguientes trabajos: El grupo Malayerba de Ecuador representó La razón blindada, texto y dirección de Arístides Vargas. Dos presos, interpretados cabalmente por Gerson Guerra y el mismo Vargas, juegan a representar a Don Quijote y Sancho para escapar de la realidad. El día que asistí quizás no fue su mejor función porque hubo momentos de desconcentración, pero se conectaron muy bien con la audiencia y la obra transmitió su premisa debido a una desbordante teatralidad.

La agrupación Theater Oberhausen de Alemania presentó Nora oder ein puppenhaus, versión en tono cómico de Casa de Muñecas de Ibsen, bajo la dirección de Herbert Fritsch. Un montaje expresionista en todo el sentido de la palabra que se destacó por una impecable expresión corporal, un vestuario idóneo y un maquillaje característico que convirtieron a los personajes en los símbolos que subyacen en la obra original.

Desde Chile, el Teatro en el Blanco trajo Diciembre, escrita y dirigida por Guillermo Calderón. En el 2014, dos hermanas discuten si su hermano debe regresar a la guerra entre Chile y Perú. El trabajo fue muy duro por lo que expresa y su contenido político pero estuvo teatralmente bien resuelto gracias a una original iluminación que usaba bombillos ubicados sobre los actores, sobre la mesa que servía de escenografía y debajo de ella. Demostró las extraordinarias capacidades histriónicas de Paula Zúñiga y Mariana Muñoz que realizaron dos personajes cada una, muy por encima del poco competente Jorge Becker.

El cierre del festival se realizó en la Plaza Alfredo Sadel con la presentación de Insectos, provenientes de España con manipuladores venezolanos. Las representaciones en gran tamaño de dos hormigas, una araña, una mantis religiosa y una planta carnívora recorrieron un trayecto de ida y vuelta desde la plaza hasta casi el inicio de la Avenida Principal de Las Mercedes. Un recorrido simple con la interacción del público y sin una historia que contar. Mucha parafernalia y poco teatro. 

Hago votos porque el festival mantenga la regularidad que tenía en su etapa anterior y, sobre todo, para que sigamos confrontando y conociendo, a través de él, las diferentes propuestas teatrales que se están realizando en el mundo.

Funciones: 5, 6, 7 y 8 de Abril de 2012

Regresó el Festival Internacional (I de II)

Después de seis años de ausencia, el Festival Internacional de Teatro de Caracas (FITC) regresó a la cartelera nacional en homenaje al reconocido hombre de teatro: José Ignacio Cabrujas. Como parte de esto, el Grupo Actoral 80 repuso dos montajes de probada calidad: El día que me quieras, puesta en escena original del maestro, fallecido recientemente, Juan Carlos Gené, y Acto cultural, dirigido por Héctor Manrique.

De igual manera, otros espectáculos importantes de la escena nacional acompañaron a estos trabajos dentro de la programación, junto a obras de Alemania, Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, España, Francia y México.

Desde Francia, la agrupación Les Philebulistes realizó el trabajo de calle Arcane. Dos ruedas gigantes que giran independientemente y que se encuentran unidas por un eje central conforman el aparato que sirvió de interrelación entre dos ejecutantes. Un juego de equilibrio y desequilibrio sobre las ruedas, cargadas, figuras acrobáticas y una pequeña escena cómica con el giro como movimiento característico probaron las habilidades corporales y vinculación energética entre los dos acróbatas en un espectáculo que no superó la media hora. ¡De lo bueno, poco! 

El grupo Timbre 4 de Argentina trajo el montaje Tercer cuerpo, dramaturgia y dirección de Claudio Tolcachir. Cinco personajes develaron sus miserias en un montaje cuya teatralidad sorprendió. El texto mantiene la progresión dramática hasta el desenlace final pero va desarrollando la trama en fragmentos y detalles que el espectador debe unir. Esto se complementa con la puesta en escena que revela y remarca las convenciones teatrales sobre un escenario despojado de efectismos. Las actuaciones de Melisa Hermida, Daniela Pal, José María Marcos, Hernán Grinstein y Magdalena Grondona estuvieron cargadas de una veracidad e intensidad encomiables. De esta forma, texto, teatralidad y actuaciones conformaron uno de los mejores trabajos del festival.

El Teatro Línea de Sombra, proveniente de México, presentó Amarillo, concepto y dramaturgia de Jorge A. Vargas y Héctor Bourges y dirección de Jorge A. Vargas. A través de la danza – teatro y el trabajo físico, mostraron una propuesta donde reflejan el problema de la migración hacia Estados Unidos y la terrible travesía en la frontera desértica. Esta temática recurrente en el teatro mexicano contemporáneo asombró por el impresionante aparataje tecnológico para recrear las situaciones y componer imágenes hermosas con el uso de los elementos: aire, agua y tierra. 

Estos tres espectáculos resaltaron durante los cinco primeros días del festival. 

Funciones: 31 de Marzo y 2 de Abril de 2012

Servidumbre resentida

En su sede del Teatro Luis Peraza, el Centro de Creación Artística TET presenta Las criadas de Jean Genet, con producción de Yazel Parra, Vera Linares y Louani Rivero y dirección de Guillermo Díaz Yuma.

El texto es un clásico del teatro del siglo XX. A partir de un suceso real que sirvió de inspiración, Genet pone en escena a Clara y Solange, dos sirvientas que realizan un juego de resentimiento social en la primera se hace pasar por la Señora de la casa y la segunda por cualquiera de ellas mismas en su intención de compensar el odio que sienten hacia sus amos, si bien esto traerá consecuencias fatales para ambas.

El montaje no transmite la esencia del texto, en especial, su crítica a la burguesía. La dirección luce desacertada por la ausencia del manejo de la progresión dramática. Esto se percibe más en el ritmo discontinuo con escenas muy lentas y otras muy rápidas sin justificación. De igual forma, los desplazamientos escénicos se ven forzados para las actrices y se abusa en ellos de la frontalidad hacia el espectador.

La parte estética está mejor manejada. El diseño de escenografía propuesto por el director entra en el terreno de lo simbólico. Todos los elementos están pintados de un mismo color, salvo las flores que se encuentran en diferentes sitios y el vestuario que cuelga de un armario. Esto ofrece un fondo apropiado para resaltar las acciones de las actrices y, sobre todo, su vestuario. Los bordes del escenario son un marco como si el espectador se acercara a observar una pintura en el que sus figuras se desplazan. De igual manera, el diseño de vestuario de Lya Bonilla logra su cometido al ataviar a las criadas de un resaltante vinotinto y a la señora de tonos ocres. El estilo de las primeras representan la violencia contenida, el de la segunda la ostentación.

El trabajo actoral es irregular. Las protagonistas no logran conectarse con la esencia de los personajes. Mónica Quintero como Clara y Jariana Armas como Solange se perciben planas en los matices, incluso en los momentos de más intensidad cuando debían tener mayor veracidad. Además, en estos momentos, aceleran la forma de hablar y atropellan lo que dicen con claros problemas de dicción. En cambio, su expresión corporal es más idónea debido a la forma sumisa que asumen y los gestos con que se comunican, aunque deben evitar recalcar constantemente el texto con el uso de las manos. Por su parte, Lya Bonilla es más sincera, natural y plena de intenciones como la Señora. Ella no tiene la edad y, por ende, la imagen del personaje, pero lo busca a través del control de su postura corporal. 

En definitiva, un montaje con más deficiencias que aciertos.

Función: 23 de Marzo de 2012

Marxismo escénico

En el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, el grupo Teatro Gastronómico presenta Yo soy Carlos Marx, producción de Francisco Torrealba,  dramaturgia y dirección de Gennys Pérez.

El texto plantea un juego de apariencias en el que Carlos Márquez, un militante de izquierda venido a menos, se convierte en Karl Marx por la depresión de ver la caída del socialismo y la muerte de su hijo en la miseria. Estas circunstancias lo conducen casi a la locura y a la pérdida de la identidad. De igual manera, obliga a Jenny Castro, su esposa, a asumir el rol de Jenny Von Westphalen, la mujer de Marx.

La puesta en escena, en correspondencia con el texto, posee una estética simbolista. Esto se evidencia en el concepto escenográfico de Edwin Erminy y la dirección de arte de Iliana Hernández que demarcan con claridad el espacio para el desplazamiento y la distribución escénica de los actores. Al principio, Marx deambula alrededor de la alcantarilla donde vive con Jenny. Luego, entra en el sitio que representa un escondite recargado de libros, objetos en mal estado, restos de basura y maniquíes. Una puerta giratoria casi en ruinas los separa y “protege” del mundo exterior que los rechaza. Otro recurso que se vincula igualmente con la estética es el vestuario que indica el despojo de los personajes de Marx y Von Westphalen para aceptar finalmente la realidad de ser Márquez y Castro.

Los diálogos y la dirección convierten al montaje en teatro para la confrontación con la realidad. El personaje de Marx recalca constantemente que los llamados revolucionarios no han leído realmente y, por ende, comprendido su máxima obra: El capital. Para Marx, capital y capitalismo no es lo mismo, así que el sentido de su creación ha quedado relegado a la miseria como viven los personajes de la obra. Los que se califican como marxistas no ven o no quieren ver en realidad el contexto que los rodea. ¿Una persona que vive en las peores condiciones, aunque no lo acepte, comprenderá realmente el marxismo o el socialismo?

En las actuaciones, Karl Hoffman mantiene la fuerza como la dupla Karl Marx – Carlos Márquez. Sin embargo, se percibe impostado en muchos momentos y esa exageración no le permite ir subiendo de intensidad debido a que concentra la mayor energía en el principio. Además, esto no le permite establecer la diferencia entre Marx y Márquez, lo que logra en algunas situaciones del final. Por su parte, Flor Elena González es más consciente como Jenny Castro que no se acepta ser Jenny Von Westphalen. Transita con más facilidad en cada situación, aunque puede reforzar los matices. 

En conclusión, un montaje cuyo protagonista es el texto.

Función: 18 de Marzo de 2012