Dominación lúdica y divinidad actoral

Dominación: En el teatrino del Laboratorio Anna Julia Rojas, la agrupación Horus Teatro presentó El juego de Mariela Romero con producción ejecutiva de Orlando Alfonzo y dirección de Jaime Feliu Cervi. Como parte del ciclo aniversario “Se ve solamente lo que tú quieras ver, 5 años, 5 obras”, se presenta este montaje de un texto ya clásico para el teatro venezolano en el que dos mujeres de nombre Ana crean juegos de dominación y dependencia.

La dirección da la importancia a cada escena de juego, aunque el espacio no ayuda para ello. Hay situaciones que se pierden debido a la cercanía del público y al trabajo frontal de las actrices, además de no aprovechar el fondo del escenario.

Por otro lado, la estética no se acopla a las situaciones. El uso de retazos de tela y pinturas no adquiere mayor relevancia, así como el vestuario desaliñado. Solamente, la ambientación de hilos cruzados simboliza la imposibilidad de escapar.

En las actuaciones, Patricia Ramírez como Ana I ofrece buenos momentos de desenfado, aunque debe matizar mejor porque se percibe plana en su mayoría. En cambio, Stephania Nevado como Ana II matiza cabalmente sin perder la intención de su personaje.

Como se ve, un trabajo con altibajos de un grupo joven que poco a poco gana terreno en el panorama teatral.

Divinidad: En la sala Luis Peraza, sede del Taller Experimental de Teatro, se presentó Divino Pastor Góngora, producción mexicana de La Coperacha y El Arte de los Títeres A.C. con dramaturgia de Jaime Chabaud y dirección de Javier Serrano. El espectáculo es un unipersonal cuyo título alude al nombre de un actor ficticio de La Nueva España del siglo XVIII. Divino interpreta, narra y canta su vida y su arte mientras está encerrado en una mazmorra y en espera de ser ejecutado por llevar una vida licenciosa y, supuestamente, apoyar la independencia.

La dramaturgia maneja cabalmente el lenguaje de la época en las situaciones que presenta y que van aumentando en tensión. Cada situación posee un tiempo y espacio determinado que adquiere sentido con el ir y venir de las divagaciones del personaje, causadas por su destino inminente y en las que se utiliza la metateatralidad.

La dirección se encarga de remarcar cada acción dramática y equilibrar el paso de una a otra. Para ello, se apoya en el diseño de iluminación del mismo director y la música original y escenofonía de Rommel Winkler.

Por supuesto, todo esto no tendría sentido sin la comprometida interpretación de Héctor Caro que da el tono justo a cada situación y aprovecha al máximo cada rol que asume. Su expresión del cuerpo es maleable y su voz ofrece una amplia variedad de matices.

En definitiva, un admirable trabajo teatral.

Funciones: 23 y 25 de Septiembre de 2011, respectivamente

Que así sea la discriminación

En la Sala experimental del Celarg, la agrupación Teatro Forte presenta Amen del catalán Carlos Be con adaptación y dirección de Vladimir Vera. La discriminación y la homosexualidad son el punto de partida para hablar de la falsa fe de la iglesia católica, la violación de menores, la manipulación de los medios, la no aceptación de la realidad y el fusilamiento de Federico García Lorca.

El texto es una muestra de la dramaturgia europea contemporánea en la que se deja de lado el modelo clásico por la fragmentación y desestructuración de las acciones. Por esto, la representación causa una sensación de extrañeza. Las situaciones se presentan pero no se desarrollan, los conflictos se presentan pero no se solucionan, los planteamientos comienzan pero no concluyen. Claro, las situaciones, los conflictos y planteamientos giran en torno a un solo tema: la discriminación y la homosexualidad; un tema en desarrollo, que aun no tiene solución, que no ha concluido.

La dirección aprovecha esta forma vanguardista del texto para hacer evidente la teatralidad. Los actores deambulan por la escena mientras ejecutan un rol, se cambian de vestuario o apoyan lo que sucede con acciones, gestos, sonidos e imágenes corporales que remiten a pinturas famosas. El paso de una acción a otra, de un personaje a otro es patente. No se abandona la idea de que se está haciendo teatro y no se pierde la condición de actor.

En lo estético, este grupo posee un estilo en el que lo audiovisual apoya la escena y se usa un vestuario de elementos reciclados, de trozos de tela y de formas asimétricas. Este caso no es la excepción. Las imágenes que presentan sirven para reforzar las visiones sobre el tema discriminatorio y el vestuario refleja a cuatro personajes homosexuales que se encargan de representar todos los roles del texto. Además de la edición de video de Wilmer Martus y del diseño y elaboración de vestuario de Fedora Freites, la dirección de arte e iluminación de Gala Garrido Lozada complementa lo anterior con un contraste de luces y sombras.

Los actores presentan los personajes, más que sentirlos o interpretarlos. Fedora Freites, Yuruby Soto, Elvis Chaveinte y Paul Gámez transitan entre cada rol y, por ende, entre cada situación mostrando las emociones necesarias sin dejarse llevar por ellas, salvo en dos o tres momentos que lo requieren como el relato de una violación o el asesinato de García Lorca. Todos manejan bien el cuerpo y la voz.

Una advertencia al público: no encontrarse con el típico teatro y la extrañeza que se siente puede llevar a la aceptación o al rechazo, aunque ambos le conducirán a una reflexión sobre el tema.

Función: 18 de Septiembre de 2011

Teatro en la Isla de Margarita

Aunque la mayoría del teatro venezolano se concentra en la Zona Metropolitana de Caracas, es bueno conocer y valorar aquel que se realiza en otras partes del país. Así que, por diversas razones viajeras y familiares, considero importante hablar del teatro en la Isla de Margarita. Destino turístico nacional e internacional por excelencia, en Margarita se presentan con regularidad los espectáculos más exitosos que se realizan en Caracas y que incluyen en sus elencos a actores que, en su mayoría, han trabajado en la televisión venezolana. Sin embargo, voy a comentar del otro teatro, del teatro que nace y se presenta en la isla.

Un sitio que ha cobrado importancia dentro del movimiento cultural y, por ende, teatral es la Casa de la Cultura Pueblo de La Mar Ramón Vásquez Brito en Porlamar. Para el teatro, esta casa cuenta con la Sala Inocente Carreño. Junto a ella, se encuentran dos salas de exposiciones, una de usos múltiples, una de conferencias y un salón de ensayo. Con el auspicio de esta fundación, se está celebrando actualmente el Segundo Encuentro Escenas que rinde homenaje a una figura importante del teatro margariteño: José Salas. Las agrupaciones participantes son: Nuevo Elenco, Reflejos, Pequeño Teatro de Los Robles, El murmullo de las venas y Las Ruinas del Teatro.

Otro lugar conocido es el Pequeño Teatro de Los Robles que se encuentra en el sector al que debe su nombre. Además de servir como espacio de presentación, esta institución tiene su agrupación estable y ofrece talleres.

De igual manera, el Complejo Cultural Teatro Simón Bolívar de Juan Griego es un punto tradicional en la región insular. Aparte de organizar un festival de artes integradas y de tener varias agrupaciones dancísticas y teatrales como residentes; el Museo de Arte Moderno de Margarita, el Fondo Editorial Los ojos de la lechuza y el Centro Internacional de la Imagen forman parte del complejo.

Por otro lado, se encuentra el Centro de Artes Omar Carreño de La Asunción. Este centro es la sede del Instituto Autónomo de Cultura de la Gobernación de Nueva Esparta y posee una sala de conciertos, una galería y un espacio alternativo para las artes.

Como se ve, Margarita ofrece una variedad de espacios con programación cultural que puede complementar las consabidas actividades playeras y de consumo. Una parte importante de esa programación es el teatro que se crea en la isla por encima del que viaja de Caracas. Queda de parte de los turistas y habitantes equilibrar entre lo local y lo foráneo. Lo que es indiscutible es el necesario apoyo del Estado, sin embargo éste todavía tiene una gran deuda con el sector teatral venezolano.

La locura que cambió el destino del país

En el Teatro Trasnocho, MJM Producciones presenta Diógenes y las camisas voladoras de Javier Vidal, con producción general de Margarita Lamas y dirección de Moisés Guevara.

La pieza recrea un momento crucial de la historia de Venezuela en el que Diógenes Escalante, candidato a la presidencia, muestra indicios de locura cuando cree que sus camisas salieron volando por la ventana. Esta situación cambió el futuro del país debido a que Escalante tenía el apoyo de todos los sectores del país en el año de 1945. Su renuncia a la candidatura fue algo inevitable y se convirtió en una de las causas de los dos golpes de Estado que se sucedieron en tres años, es decir, que por culpa de una enfermedad (en este caso mental) Venezuela se vio envuelta en la inestabilidad política.

El texto comienza con el momento de locura de Escalante para luego presentar los sucesos previos en los que su secretario privado y coleguita, un periodista que contrata como asesor, se convierten en los testigos e informantes de su estado mental. La progresión dramática se mantiene dentro de lo estándar, si bien algunas situaciones carecen de acción teatral como la discusión en torno a la gastronomía venezolana. Pese a esto, Vidal crea un texto reflexivo y bien estructurado.

La dirección mueve a los actores lo necesario para el desarrollo de las acciones y mantiene el estatismo en otros momentos. Destaca la forma en que se revela la teatralidad con el uso de un podio donde el secretario y coleguita ubican a la audiencia en la fecha de la acción e indican lo que sucederá, además de emplear dos sillones donde esperan para entrar a escena. La escenografía y el vestuario diseñados por Fernando Calzadilla se complementan al presentar una ambientación que refleja la habitación del hotel que se reconoce iconográficamente por una gran imagen del Ávila al fondo y varios trajes cuyos estilos muestran la época de la acción.

En las actuaciones, Javier Vidal ofrece una atinada interpretación como Diógenes Escalante. Equilibra apropiadamente el paso de la conciencia hasta la locura, aunque en los momentos de mayor fuerza pierde un poco el acento y los matices que emplea correctamente en las primeras escenas. José Miguel Dao como Ramón J. Velásquez “coleguita” maneja de forma encomiable lo vocal y lo corporal en su trabajo. Por su parte, Jan Vidal Restifo como Hugo Orozco, el secretario, tiene momentos de franqueza pero requiere más intensidad y veracidad para brindar las intenciones del personaje.

En definitiva, una bien lograda reflexión histórica de un personaje cuya locura cambió lo que, posiblemente, habría sido un mejor destino para el país.

Función: 21 de Agosto de 2011

El petróleo es el poder

El Grupo actoral 80 presenta Petroleros suicidas de Ibsen Martínez, producida por Carolina Rincón y dirigida por Héctor Manrique, en la Sala de Conciertos del Centro Cultural BOD CORPBANCA. El reencuentro de un ex matrimonio sirve de punto de partida para que surjan los recuerdos de las causas de la separación con la industria petrolera venezolana de trasfondo.

En un texto estructurado con relatos, “flashback” y recreación de situaciones, Martínez refleja la forma de pensar del venezolano. Cuenta la leyenda urbana de los suicidios de diversos ejecutivos petroleros, luego de su despido en televisión. Pero, en este país particular, nadie se suicidó como ocurrió en otros sitios por culpa de la crisis económica mundial. Es tan particular que un paro petrolero y de trabajadores de grandes dimensiones, no consiguió su objetivo. Pareciera que el venezolano sobrevive en las condiciones más adversas.

Nos presenta al venezolano que aprovecha la cuota de poder que tenga. Si el petróleo te da la posibilidad de obtener el dinero para ocultar una muerte, para pagar extorsiones, para el sicariato o para viajar por el exterior con todos los beneficios, como hacen los personajes de la obra, pues se aprovecha. También vemos al venezolano que desea que “lo pongan donde ahí” y que, sin haber hecho ningún mérito, lo logra.

En correspondencia con el texto, la dirección se presenta entre lo simbólico y la revelación de la teatralidad. Los personajes principales entran y salen según se necesite, pero los secundarios permanecen en escena. Los elementos escenográficos se trasladan frente a la vista de la audiencia. El diseño de escenografía de Edwin Erminy propone como ambientación un almacén de archivos de tonos grises que se complementa con la iluminación de lámparas y focos tradicionales, diseñada por José Jiménez. El vestuario de Eva Ivanyi delinea a cada personaje, si bien podría integrarse más a lo grisáceo.

En las actuaciones, Fabiola Colmenares e Iván Tamayo ofrecen un manejo correcto de la intensidad y las intenciones como Natalia y Cayetano, respectivamente. Luis Abreu como el Coronel Arroyo Valera aprovecha sus intervenciones al brindar los matices necesarios. Resalta el trabajo de Dimas González como Alexis “Mayimbe” Espósito porque compone de forma excepcional un personaje donde lo corporal y lo vocal van de la mano.

“¿Qué tendrá en petróleo que envenena?” es la frase final del texto que retumba en la mente de los espectadores. El petróleo simboliza el poder en Venezuela y su particular forma de envenenar continuará porque es, prácticamente, nuestro único medio de sustento económico.

Función: 27 de Agosto de 2011

Teatro en el centro de Caracas

Los teatros del centro caraqueño han reabierto con diferentes espectáculos de entrada libre. Precisamente, Fundarte y la Compañía Nacional de Teatro presentan Bolívar doméstico de Roberto Azuaje, con dirección de Adolfo Nittoli, en el Teatro Municipal. En la pieza, Bolívar adulto cuenta a Joaquín Posada sobre su primer amor y su vida doméstica, a través del “flashback” cinematográfico. Con el uso erróneo de algunas expresiones actuales, las situaciones son propias de un melodrama.

Para el cuento inicial, el empleo los pasillos de la platea es innecesario porque se pierde la visual de los actores. Tampoco parece necesaria la espectacularidad del final cuando se pretende la desmitificación del héroe. Para la historia de Bolívar joven, los desplazamientos tienen como pauta el equilibrio que determina un gran mueble central y las líneas convergentes que forman varios paneles laterales. Esto, junto a la presencia de la entrada posterior, ofrece una puesta en escena muy “limpia” pero que requiere mayor precisión en los actores para que eviten solaparse unos con otros. No obstante, el diseño de escenografía de Héctor Becerra es aprovechado.

Por otro lado, el diseño de vestuario de Jenif Tovar es muy desigual. Su mayor virtud es el uso de estilos más contemporáneos, anacrónicos y algunos rasgos de época para la vida de Bolívar joven. Esto se corresponde con la idea de desmitificar, aunque no refleja el cambio de tiempo y de lugar que se da entre las escenas. En la ropa masculina mantiene una tonalidad de colores, salvo la incompresible gabardina azul de Bolívar que rompe la línea estética. De igual forma, sucede con la ropa femenina en la que no hay una moda definida en María Teresa ni en María Francisca. En contraste, la época real se percibe en Joaquín Posada que está vestido a la usanza de principios del siglo XIX y en Bolívar adulto que usa su característico traje militar.

En las actuaciones, José Luis Useche rompe con la desmitificación debido a la forma impostada que asume como Bolívar adulto, mientras que Fernando Moreno ofrece una correcta naturalidad como Bolívar joven. César Bencid como el Márquez de Ustáriz y Salomón Adames como Don Bernardo son pertinentes en sus trabajos, al igual que María Brito como María Francisca y Elvis Chaveinte como Pedro Rodríguez. Se destaca la franqueza de María Alejandra Tellis como Hipólita y de Giovanny García como Joaquín Posada. El trabajo más débil es el de Adriana Gavini como María Teresa del Toro porque se queda en la simple demostración de los sentimientos.

Habrá que esperar para ver si este circuito teatral se reactiva de una vez por todas.

Función: 20 de Agosto de 2011

Visión y pasión teatral (II de II)

Culminó la octava edición del Festival Teatral de Autor (Festea) dedicada a la dramaturgia de Javier Moreno, Elio Palencia y Paul Williams. Pathmon producciones, como ente organizador, realizó talleres, charlas, foros críticos y, en especial, facilitó la presencia de grupos de jóvenes teatreros.

Barón Rampante de México realizó el montaje de Penitentes de Palencia, dirigido por Jean Paul Carstensen. A partir de la recreación de la muerte de un sacerdote en un hotel de Caracas, la propuesta deja de lado el realismo del texto para evidenciar el trasfondo homosexual a través del simbolismo del vestuario conformado por unas pesadas faldas y de la expresividad corporal con la que se desplazan los actores. Sobreponiéndose a la falta de un actor que no pudo entrar al país por problemas burocráticos, Rodrigo Canchola y el mismo Carstensen manejaron cabalmente sus intenciones con el apoyo del venezolano Delbis Cardona, aunque el ritmo tuvo altibajos.

También de México, Imaginartes presentó Coloquio de hipócritas de Williams con diseño de escenografía, vestuario, actuaciones y dirección de Rodrigo Canchola y Sotero Castrejón. Dos amigos, enamorados de la misma mujer, se mienten mutuamente para herirse y sobrellevar la traición. El trabajo posee tres niveles que conforman un espectáculo redondo: una interpretación cargada de farsa y rompimientos que acentúan el texto, una planta de movimientos donde hacen gala de lo corporal y deshacen la vinculación texto – gesto, y una ambientación onírica que se complementa con el vestuario de toques infantiles.

Lafratta Teatro de Maracay trajo Las tijeras de Williams con producción de Firelley Fernández y apropiada dirección de Hans Velásquez. Las actuaciones de Daifra Blanco y Daniel Vásquez ofrecen la veracidad e intensidad necesarias como la pareja de esposos que pretende comunicarse para escapar del tedio, aunque establecen un juego de víctima y victimario en sus conversaciones fragmentadas.

De las agrupaciones invitadas, destacó Jóvenes Actores de Vargas con El cáliz amargo de una santera de Jan Thomas Mora, dirigida por Maigualida Gamero. El catolicismo y el espiritismo chocan en las figuras de dos hermanos. Con un texto que presenta un conflicto claro pero carente de acción teatral, la sugerente ambientación expresionista adquiere significado gracias a las comprometidas actuaciones de Marytere Buitrago, Carlos del Castillo y Javier De Vita.

La siguiente edición del festival estará dedicada al llamado “teatro del absurdo” en la que se rendirá homenaje al francés Jean Genet, el rumano Eugene Ionesco y el inglés Harold Pinter.

Funciones: 1, 2, 4 y 6 de Agosto de 2011

Visión y pasión teatral (I de II)

La octava edición del Festival Teatral de Autor (Festea), organizada por Pathmon producciones, se celebró en el Teatro Alberto de Paz y Mateos como sede principal. Este encuentro de carácter anual se realizó una vez más para que agrupaciones de jóvenes creadores exhiban sus trabajos. Con el nombre de “Dramaturgia venezolana en acción: Tres visiones, una pasión”, el festival estuvo dedicado a Javier Moreno, Elio Palencia y Paul Williams.

Para la inauguración, Pathmon presentó Combatientes del español Antonio Hernández Centeno con dirección de Maigualida Gamero. Con un texto reiterativo y sin una premisa clara sobre la psicología militarista y los excesos de la guerra, la puesta en escena debe dejar de lado el realismo para hacer énfasis en el simbolismo que se propuso en la escena inicial y que daría mayor contundencia a las siguientes. Las actuaciones de José Gregorio Franquiz y Carlos Alberto Sánchez requieren mayor fuerza, mientras que Yohana Bello debe diferenciar sus tres personajes.

El grupo Arte latente llevó a escena Invasión de Paul Williams, producida por Zenahit Contreras y dirigida por Dionys Fuentes. En el futuro, una pareja de esposos de clase alta, apoderados por la pasividad que produce la tecnología, se da cuenta que los androides que hacen las tareas de la casa deciden rebelarse. Con una ambientación sencilla y una apropiada selección musical, la dirección debe subrayar la tensión creciente que plantea el texto. En las actuaciones, Marlon Hernández se percibe muy pasivo, Ana Márquez es más pertinente pero puede cuidar su corporalidad y Carlos Calderón como los androides maneja excepcionalmente su cuerpo.

También de Williams, Sobretablas de Venezuela representó Cuatro locos de este mundo con dirección de Jennifer Morales. Cuatro seres humanos pretenden comprobar que no están locos pero sus acciones y el mundo que los rodea demuestran lo contrario. Uno de los textos más contundentes del festival, se convirtió en el espectáculo mejor logrado. La adecuada estética expresionista que se refleja en la ambientación, el vestuario y la iluminación; se complementa con el encomiable trabajo actoral de Paola Baroferre, Yuri Pita, Zammy Jiménez y la misma Morales.

El Teatro de la Penumbra montó Muchinga, escrita y dirigida por Javier Moreno. Una serie de enredos amorosos tienen lugar en La guaira durante 1915. Con una puesta en escena que parte del espacio vacío, el texto, cargado de recursos literarios, no se comprende porque la interpretación actoral no ofrece los matices necesarios.

En definitiva, fueron cuatro trabajos disímiles para el comienzo del festival.

Funciones: 25, 26, 27 y 28 de Julio de 2011

Intolerancia religiosa

En la sala de conciertos de Unearte, el grupo La silla rodante presentó El insólito y verídico caso de la peluca del fraile, escrita y dirigida por Carlos Sánchez Delgado. En la Caracas de finales del Siglo XVIII, un fraile decide usar peluca para ocultar la calvicie por la que ha sido objeto de burla dentro de su congregación. A partir de este peculiar acontecimiento real, el autor refleja cómo la intolerancia y el deseo de libertad individual no es algo contemporáneo.

La recreación de la historia del padre Josef Hidalgo presenta el conflicto inicial que aumenta con el paso del tiempo hasta convertirse en un suceso de importancia para el poder ejecutivo y el entorno social de Caracas. La escogencia de los momentos claves y un uso correcto de la progresión dramática conforman una pieza bien escrita.

Al contrario de lo anterior, la resolución estética del montaje es muy pobre. No hay correspondencia entre el sentido simbólico del dispositivo escénico con el uso deslucido de unas mesitas y algunos elementos reales como pan. No se comprende si el vestuario es de época o contemporáneo porque algunos personajes usan una especie de hábito y otros trajes, además que la realización de los hábitos está muy mal resuelta. La música religiosa es lo único idóneo.

En las actuaciones, se destaca el trabajo de Abraham Veronese como Fray Rodríguez, contraparte del padre Josef, porque ofrece la fuerza necesaria. De igual manera, Carlos del Castillo debido al manejo corporal y vocal que ofrece como El gobernador. El mismo Carlos Sánchez Delgado asume el rol protagonista en el que logra varios momentos de profunda franqueza, aunque debe controlar la exageración de los gestos porque convierten el drama que vive el padre en una comedia.

Por otro lado, José Luis Gámez como El maestro y Joel Herrera como El novicio son cabales en sus roles. No así, Eduardo Carrero que se percibe forzado como Fray Ibarra, pero pertinente como El obispo. Francisco Niño como El lego y Somar Toro como El custodio pueden ofrecer variedad de matices dentro de su burla constante, mientras que Nill Quijano tuvo la responsabilidad de interpretar a Fray de la Peña por causas de fuerza mayor sin lograr el ritmo necesario porque necesitaba leer para expresar sus textos.

Los problemas estéticos del montaje demuestran una vez más algo común en el panorama teatral venezolano: los dramaturgos deben llevar a escena sus piezas porque pocas agrupaciones del país se interesan por ellas. Esto no quiere decir que el autor de una obra no pueda realizar un trabajo digno con su creación, pero otro director podría ofrecer una lectura más amplia de lo que se plantea.

Función: 30 de Julio de 2011

La voz de Cabrujas

Cultura Chacao rinde homenaje al escritor y director José Ignacio Cabrujas con el espectáculo Cabrujas: la voz que resuena, creado a partir de una idea original y del guión escrito por Yoyiana Ahumada con producción general de Iván Oropeza y dirección de Francisco Salazar. Con el aniversario número 444 de Caracas como marco, esta institución adscrita a la Alcaldía del Municipio Chacao pretende reconstruir la memoria y rescatar del olvido a este venezolano.

A lo largo de cuatro estaciones, el público puede apreciar una recreación del nacimiento de Cabrujas en forma de radio novela, una presentación audiovisual de su manera de concebir la telenovela, una muestra de su pasión por la ópera con su trayectoria como complemento y, por último, la escenificación de fragmentos de sus piezas teatrales: Venezuela barata y Profundo.

El trabajo tiene el espíritu del “performance” por el aprovechamiento del espacio y la distribución del público, sin embargo deja de lado el carácter improvisado de esta forma escénica. El guión y la dirección ofrecen una estructura sencilla pero efectiva para abarcar diversas facetas de la vida de Cabrujas.

En la primera estación llamada “El hijo pródigo de Catia”, el estilo primitivo de la radio novela me traslada a una época de relaciones humanas más simples. El espectáculo radiofónico se complementa con la labor cabal de las actrices: Norma Monasterios, Ana González y María José Mata.

La segunda estación es “La telenovela, el espectáculo del sentimiento”, un documental que revela la concepción que Cabrujas tenía del género más famoso de Latinoamérica. Con la adecuada presentación de Norma Monasterios y Domingo Balducci, veo con nostalgia imágenes del escritor y de sus creaciones televisivas con opiniones que se vuelven hilarantes porque reflejan una forma particular de criticar a la “novela rosa” que, a mi juicio, sigue menospreciando la inteligencia de los televidentes en la actualidad.

El mismo Balducci es el guía para “Dos entradas para Tosca”, la tercera estación. La lectura en off de una carta por parte de Isabel Palacios y la música operática se integran frente a un gran mural que resume la trayectoria de Cabrujas.

Finalmente, el teatro hace su aparición en la última estación. Los fragmentos de las dos piezas que se exhiben vuelven a demostrar la vigencia y capacidad visionaria del creador, gracias a las acertadas interpretaciones de Ana González, María José Mata, Norma Monasterios, Ángel Chávez, César Augusto Roa y Steve Rosas.

Para apreciar esa voz que resuena, hay que acercarse al espacio que lleva el mismo nombre de homenajeado: la Sala Cabrujas.

Función: 22 de Julio de 2011