Cultura reveladora

En el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, el Grupo Actoral 80 presenta Acto cultural escrita por José Ignacio Cabrujas, producida por Carolina Rincón y dirigida por Héctor Manrique.

Como la mayoría de la obras de este autor, ésta es considerada un clásico del teatro venezolano. En ella, la junta directiva de la Sociedad Luis Pasteur del San Rafael de Ejido celebra sus cincuenta años con el acto cultural en el que representan el drama: "Colón Cristóbal, el genovés alucinado". Esta escenificación acerca del llamado descubrimiento de América, servirá como punto de partida para que los seis directivos de la sociedad develen los conflictos que los agobian.

Es conocido por todos que la dramaturgia de Cabrujas es teatro de texto, de ahí que la dirección de este montaje sea acertada porque da mayor relevancia a la comprensión del contenido y al manejo de los matices. Al apoyarse en esto, los demás elementos complementan lo que se dice en escena. El mismo Manrique diseña un sencillo espacio escénico que ofrece el fondo necesario para el estilo realista de la pieza. Por su parte, el vestuario de Eva Ivanyi ubica temporalmente a los personajes en los años 20 del siglo pasado y resuelve la época propia del drama que ponen en escena. Resalto la música compuesta por Aquiles Báez que invade el escenario para crear varias atmósferas que se integran a las actuaciones.

El trabajo actoral está equilibrado. Cada actor se luce en su papel, comandados por el manejo corporal y fuerza vocal de Juvel Vielma como Amadeo Mier y la soltura de Samantha Castillo como Herminia Briceño. Asimismo, destaco la intensidad de Daniel Rodríguez como Cosme Paraima, la veracidad de Melissa Wolf como Antonieta Parissí, la pertinencia de Juan Vicente Pérez como Francisco Xavier y la franqueza de Angélica Arteaga como Purificación Chocano.

Todo el montaje lleva a la reflexión acerca de los arquetipos que están presentes en nuestro inconsciente colectivo. ¿Acaso, los venezolanos seremos habladores, lujuriosos, bromistas, limitados, tímidos y dependientes de nuestras madres como los personajes de la obra? ¿Nos aprovechamos de esas formas de ser para evadir los problemas? De igual forma, la representación sugiere la vinculación que podría existir entre los venezolanos y su historia. ¿Es que los acontecimientos del pasado nos han servido para aprender y, especialmente, para revelar cómo somos en realidad? Cada quien tendrá su respuesta, pero lo cierto es que Cabrujas era un visionario y esta obra posee una vigencia que sorprende por su capacidad de reflejar al país.

En definitiva, un espectáculo que no tiene desperdicio.

Función: 19 de Marzo de 2011

Sueños poéticos

La agrupación Rajatabla celebra sus 40 años con la segunda muestra de dramaturgia nacional en homenaje a Rodolfo Santana. La fecha de su fundación coincidió con la temporada del quinto montaje de la muestra: Mi reino por un sueño, escrita por José Antonio Barrios y dirigida por Costa Palamides. La vida y poesía del Cumanés José Antonio Ramos Sucre es el eje central del espectáculo.

En diez escenas, Barrios se concentra en sucesos importantes de la existencia de Ramos Sucre. Parte de lo coercitiva que fue su madre Rita Sucre en la infancia, pasa por la estadía con su tío el Padre Ramos en Carúpano, la amistad con el poeta Cruz Salmerón Acosta, el insomnio que lo agobiaba, el proceso de escritura de su lírica y la sombra de su antepasado Antonio José de Sucre, hasta llegar a su suicidio. En varias escenas, el dramaturgo propone un coro griego que dice poemas representativos del escritor, vinculados con la trama que se desarrolla. Por la forma en que recrea y avanza la historia, el texto presenta un buen manejo de la progresión dramática, sin embargo la puesta en escena rompe con esto.

El concepto de la dirección reorganiza las escenas y empieza la obra con el encuentro final e imaginario entre Ramos Sucre y Salmerón Acosta. Luego, divide otras escenas para presentarlas en diferentes momentos, aumenta la intervención del coro y agrega personajes que el poeta Cumanés nombra en sus creaciones. Todo esto perjudica el desarrollo del argumento original y hace incomprensible la premisa del texto, lo que se acentúa con el uso excesivo del coro, de los personajes dobles y de las Moiras porque desvía la atención. Igual sucede con el desplazamiento constante de la actriz vestida de blanco que interpreta varios personajes, aunque parecen siempre el mismo.

El diseño de escenografía de Héctor Becerra es funcional para apoyar los símbolos de la representación. El vestuario de Silvia Inés Vallejo es discordante porque está a medio camino entre el realismo de los personajes principales y la fantasía onírica de los secundarios. Además, su realización no fue favorable porque son evidentes los detalles de mala costura.

En las actuaciones, destaco a Gabriel Agüero como el Alter ego por la efectividad en que maneja las palabras y la franqueza de Abilio Torres como Cruz Salmerón Acosta, joven. No así, el trabajo de Elvis Chaveinte como Ramos Sucre debido a que se le hace cuesta arriba interpretar la lírica explícita del texto, aunque alcanza la intensidad necesaria en las escenas finales. Un punto a favor, es el acoplamiento del coro que pronuncia y canta los poemas con destreza vocal y fuerza.

Pese a los altibajos, Rajatabla conmemora un año más de trayectoria.

Función: 13 de Marzo de 2011

Mareas juveniles

En el Teatro Trasnocho, la agrupación Skena presenta La ola, dirigida por Armando Álvarez. La obra se basa en el guión de la película alemana homónima del 2008, sustentada en la historia real de un proyecto escolar que, en torno a la autocracia, llevó a cabo un profesor norteamericano. La experiencia consistió en convertir al grupo de estudiantes en un movimiento que reflejara a cualquier régimen dirigido por un hombre con los preceptos del poder por la acción, la comunidad y la vestimenta, sin prever las terribles consecuencias que trajo. La película se sitúa en Alemania, mientras que la versión teatral venezolana emplea los nombres germánicos, aunque elimina personajes, suprime situaciones y adapta otras para resolver las diferencias del lenguaje teatral.

La dirección ofrece su mayor virtud en la variedad de desplazamientos y espacios que crea con dos hileras de mesas y sillas que, al principio, se ubican a ambos lados de la escena. Además, se vale de lo audiovisual para facilitar el desarrollo de la historia porque, a través de varios aparatos televisivos, permite mostrar acciones que no podrían hacerse sobre el escenario, lo que concentra la trama en el salón de clases. Sin embargo, como en trabajos anteriores, Álvarez da demasiada libertad a los actores para la improvisación. Si el argumento, el conflicto y la resolución de La ola indican que, sin lugar a dudas, es un drama; cuando los actores abusan de los gestos y frases agregadas para hacer reír cambian el sentido real del texto, alargan innecesariamente el tiempo de representación y desvían la atención del público a la comedia.

Basilio Álvarez interpreta al Profesor Rainer Weiner, el líder del proyecto. Su actuación se percibe artificial porque asume la imagen común de lo que cree que es un docente maduro con estilo moderno y juvenil, asimismo se siente sobreactuado en la parte final en la que exagera su locura por el poder. Por su parte, Catherina Cardozo y Juan Carlos Ogando son pertinentes en los roles de Anna y el Profesor Wieland, respectivamente. De los actores jóvenes, destaco a Valentina Rizo como la contestataria Mona por su forma intensa de asumir el personaje y a Teo Gutiérrez como el perturbado Tim por la veracidad en que compone su rol. El resto tiene que limitar la dañina libertad de creer que bromear constantemente es parte del teatro, aunque resalto el desparpajo de la energía propia de su edad.

Pese a su larga temporada de éxitos, si en este montaje se hubiera advertido que el tema central es la manipulación de los jóvenes producto de su inherente desorientación, el impactante final tendría un mayor significado.

Función: 2 de Marzo de 2011

Del amor y su banalización

En el teatro de la Asociación Cultural Humboldt de San Bernardino, se presenta Un informe sobre la banalidad del amor del argentino Mario Diament, producida y dirigida por Luigi Sciamanna. La obra se inspira en la relación amorosa entre el filósofo alemán Martín Heidegger y su alumna de origen judío Hannah Arendt. A lo largo de cinco actos, Diament recrea hábilmente el nexo que, por más de 25 años, mantuvieron estos pensadores claves del siglo XX. El autor se mantiene en el terreno de la ficción, como aclara su nota del programa de mano, aunque a mi juicio construye un tratado verosímil acerca del pequeño universo que Heidegger y Arendt intentaron construir alrededor del ineludible mundo del Nazismo. La adhesión del filósofo a la ideas del Nacional Socialismo y su aparente rechazo a las raíces de la pensadora terminaron con el vínculo de admiración mutua que los unía, convirtiendo al amor en algo banal.

Como director, Sciamanna propone una estética simbolista que, gracias al diseño del espacio escénico de Carlos Agell, le facilita la representación de los diferentes lugares donde ocurren las acciones en cada acto. La iluminación de Manuel Troconis es la mayor debilidad de la puesta en escena debido a que abusa de las sombras por momentos y no propone nada durante el estatismo de los personajes, mientras que el vestuario de Raquel Ríos maneja pertinentemente la época y el paso del tiempo de los actos.

En las actuaciones, Sciamanna da vida a Heidegger con franqueza en sus matices vocales y soltura en la expresión corporal. Su gran logro consiste en la evolución del personaje desde la madurez hasta la vejez, lo que se aprecia en el arqueo de la espalda al principio y el progresivo encorvamiento al final. Mariaca Semprún interpreta a Arendt. Al inicio, ofrece una búsqueda de la verdad en la voz, sin embargo debe controlar los gestos porque parecen más de una mujer contemporánea que de una joven de los años 20 del siglo pasado; tanto en las poses que adopta de pie como en la forma de reaccionar con palmadas en las piernas cuando transmite el enfado. Pese a esto, logra equilibrar ambos aspectos en el cuarto acto cuando es inevitable la separación de los dos amantes, su mejor momento en intensidad y veracidad. No obstante, en el acto final, se percibe forzada como una Arendt de más edad, especialmente en su manejo vocal.

Para finalizar, considero necesario reflexionar en torno a la idea expresada por Heidegger que desestima las atrocidades cometidas por los seguidores de Hitler si éstas son realizadas para alcanzar un “bien mayor”. ¿Es tan fácil hacerse el ciego frente al desmoronamiento de un país?

Función: 26 de Febrero de 2011

Vacas esquizofrénicas

En la sala experimental del CELARG, el Teatro del Contrajuego presentó el trabajo: Hay que tirar las vacas por el barranco, una experiencia de “teatro testimonial” a partir del libro Las voces en el laberinto: historias reales sobre la esquizofrenia del catalán Ricard Ruiz Garzón. Cuatro directores guían a igual número de actores para estremecer al público con una especie de conferencia donde los límites entre realidad y ficción casi se diluyen. Esto sucede porque la propuesta incluye la participación de dos de los directores como presentadores de cada personaje como si en verdad se asistiera a un auditorio donde dos enfermos y dos parientes presentan su relación con la esquizofrenia a un panel de especialistas. De la misma manera, el hecho que se mantenga encendida la luz de sala y la presencia de los directores - presentadores y de los otros actores - personajes en los laterales mientras uno de estos últimos se dirige a los asistentes, sirve para restringir la ilusión teatral y ofrecer más verosimilitud. También, esto ocurre gracias a las comprometidas actuaciones del elenco.

Los testimonios presentados son de una madre cuyo hijo se suicidó, una joven que cuenta sus problemas como si fueran una historia de princesas, una mujer afectada porque su esposo y su hermano están enfermos, y un científico que logró manejar su trastorno. Diana Volpe, Magaly Serrano, Haydee Faverola y Ricardo Nortier representan estos personajes, respectivamente. El mayor reto de la actuación es superado debido a que cada uno de ellos debe permanecer en un solo sitio mientras ofrece su testimonio frente a un micrófono. Es así como la voz, las expresiones faciales y el uso de las manos se convierten en el vehículo actoral. Hay que resaltar la forma como Volpe maneja las intenciones; la gama de entonaciones vocales de Serrano y su capacidad de conmovernos con el llanto; la angustia que Faverola refleja en sus manos y movimientos repetitivos; y la intensidad que invade poco a poco el cuerpo de Nortier.

Por otro lado, en necesario destacar la sabia orientación y acoplada labor que de seguro llevaron a cabo los directores: Orlando Arocha con Volpe, Juan José Martín con Serrano y Julio Bouley con Faverola, junto a Nortier que prefirió auto dirigirse sin que ello restara a la obra. Con una propuesta como esta queda demostrado que con pocos recursos y claridad estética se puede hacer buen teatro. Como bien dice el programa de mano, pacientes y parientes son víctimas por igual de la enfermedad y, con el montaje teatral, el público podría ver sus miedos y angustias al vincularse con esta situación en “el espacio de lo humano.”

Función: 17 de Febrero de 2011

Un breve receso (II)

Continúo con los trabajos que he apreciado en los primeros meses del año. En la sala principal del Teatro San Martín presencié La calle del infierno del español Antonio Onetti, de la agrupación Afrodiartes y dirigido por Verónica Arellano. La pieza presenta a Juani, Toñi y Paqui, tres cajeras de supermercado, revelan sus anhelos, traiciones y verdades a lo largo de varias situaciones que pretenden descubrir qué sucedió para que Juani cayera de la Rueda de la fortuna del parque de diversiones llamado como el título. La puesta en escena resuelve con originalidad cada situación y ofrece variedad, sin embargo es necesario limpiar algunos excesos de gestos, música y movimientos que lucen injustificados. Esto puede suceder debido a que es el primer trabajo de esta directora, si bien tiene una larga trayectoria como actriz, debido a que se pretende llevar a escena todas las ideas que se vienen acumulando a lo largo del tiempo, esto debe corregirse y así conseguir con cada nueva obra un lenguaje particular dentro de lo que requiera el texto. En la dirección actoral se percibe mayor pertinencia por el buen desenvolvimiento de las actrices con Claudia Nieto como Juani a la cabeza que logra presentar una extensa gama de emociones, Carolina Torres que da el tono justo y de hilaridad a Paqui, e Irabé Seguias como Toñi que logra la composición de personaje más destacada por su manejo de voz y cuerpo. La iluminación de Gerónimo Reyes consigue las atmósferas adecuadas y el vestuario sencillo pero claro concuerdan con lo anterior para alcanzar el divetimento del público a través la energía de las emociones femeninas.
En la Sala Anna Julia Rojas de Unearte, el sistema Profeser (Profesionales en Servicio) presentó un nuevo montaje profesional, curso que deben realizar actores, productores y diseñadores y que concluye con la obra. En esta oportunidad, llevaron a escena Venezuela güele a oro, sainete de Andrés Eloy Blanco y Miguel Otero Silva, dirigido por Juan José Martín. En esta pieza costumbrista, un trío de norteamericanos llegan al país para comprobar si las calles de nuestra tierra huelen a oro, así varios personajes criollos los guiarán para descubrir el origen del olor. Con un fino humor, los autores se burlan de las autoridades, de la política, de los poetas de la época de los 40 del siglo pasado, la desigualdad y la explotación petrolera, lo que termina por convertirse en un texto de profunda vigencia que si cambiara nombres y situaciones actuales se convertiría en un reflejo de la situación actual del país. La puesta en escena es imaginativa por la forma en que la entrada y salida de los personajes se carga de comicidad, aprovechando pequeños elementos de escenografía para cambiar de ambiente en cada escena y equilibrar con la posición de cada actor. Entre los graduandos actores destacan: Dewis Durán como Sherlock Morrow que se mantiene con energía y veracidad en toda la obra, Salvador Cavano como Mujiquita debido a su forma vocal de crear el personaje, secundados por Ricardo Lugo como Morrocobrero, Fernando Lozada como Morrockfeller, Dalia Castellanos como Joan Crawford, Luis Fernanda Sifontes como Miss Kakatúa y Carlos Cedeño con tres personajes. Antonio Marrero como Chang cumple cabalmente, al igual que Maribel Granadillo como Icotea. El resto del elenco que también forma parte de los graduandos se perciben muy flojos en sus trabajos, lo que conlleva a pensar si en verdad poseían la trayectoria necesaria para haber entrado en este sistema de estudios de dos años. La producción general y artística logra su cometido y el diseño de vestuario de Andrés Eloy Izarra es un gran acierto para definir a cada personaje. Es necesario comentar la forma en que se representan a Hitler, Hiroito, Franco y Mussolini, cuatro inmigrantes, que en esta propuesta se presentan con sus caras gigantescas y cuerpos pequeños como monigotes, que son manejados desde dentro de una especie de armazón por un actor o actriz. En definitiva, original puesta en escena, con actuaciones buenas y regulares y el rescate del género propio de Venezuela: el sainete.

Un breve receso

Luego de un periodo sin actualizar el blog, regreso con varios comentarios de trabajos que he apreciado desde Enero del presente año. A pesar de la salida de la columna de su publicación semanal en El Nacional, como buen hombre de teatro sigo asistiendo a representaciones de toda índole.
Asistía a una nueva graduación de Taller Nacional de Teatro (TNT) de Rajatabla, agrupación que después de dos años de formación presenta un trabajo que permite acercarse a posibles nuevas figuras del quehacer teatral. Un grupo nutrido de participantes de este programa llevó a escena Ubú rey de Alfred Jarry, bajo la dirección de Rufino Dorta. En escena se destacan los trabajos de Jean Franco De marchi como el Padre Ubú, si bien debe tratar de romper un poco con las intenciones planas en algunos momentos, y Danique Weill como la Madre Ubú, quien ofrece el tono grotesco que posee el personaje. El resto del elenco debe equilibrar más su trabajo de organicidad y veracidad si desea forjarse una carrera en este difícil medio. La puesta en escena se vale de muchos recursos de la comedia física y coloca a dos personajes como tragedia y comedia para que narren la acción, otro personaje que representa las pausas caminando con un paraguas abierto por el escenario y detiene la acción para que los personajes realicen los apartes. Considero que estos recursos son totalmente efectistas y desvían la atención hacia símbolos que no representan nada. Otra propuesta más al estilo Rajatabla.
En la Sala de conciertos de Unearte presencié un homenaje a Elizabeth Schon, a cargo de Guarro teatro, denominado Lo importante es que nos miramos que incluía tres piezas de su autoría: Al unísono, Jamás me miró y la homónima que da nombre a la propuesta. Con Alama Blanco y Jesús Sosa en las actuaciones de estas obras de dos personajes y la dirección de Humberto Ortiz, la primera de ellas se desarrolla dentro de los términos del texto, no obstante las otras dos se perciben mal trabajadas debido a que no ofrecen una comprensión clara de sus premisas. Cabe destacar el acompañamiento en vivo de Kenny Riera al piano porque crea varias atmosferas en cada pieza, además del video que precede a la representación que se constituye en el verdadero homenaje a esta escritora venezolana.
En el Espacio Plural del Trasnocho Cultural, Hebu teatro presentó La noche de la tríbadas del sueco Per Olov Enquist, dirigida por Costa Palamides. Esta obra pone en escena un ensayo de la compañía del dramaturgo August Strinberg que junto a su esposa Siri y la amante de ésta: Marie David, acompañados del actor Viggo Schiwe, pretenden ensayar La más fuerte, escrita por él y que se convertirá en el detonante de varios resentimientos guardados. Este trabajo se constituye como el más acabado que se ha presentado en la ciudad durante lo que va de año debido a su equilibrio e integración de la propuesta escenográfica, de vestuario, de iluminación, de dirección y especialmente de actuaciones. El trío de actores que desarrollan el conflicto demuestra organicidad, manejo de las intenciones y habilidad para componer y mantener su personaje con Ludwig Pineda a la cabeza como el perturbado Strinberg, Diana Volpe como Siri y Diana Peñalver como Marie David. Elvis Chaveinte como Viggo ofrece una candida y sentimental interpretación. El desplazamiento, utilización del espacio escénico y ritmo apropiado presentan una pertinente puesta en escena. En definitiva, un trabajo muy bien logrado.
En la Sala experimental del Centro Cultural Chacao, el grupo Teatro del Laberinto presentó un espectáculo escénico – musical llamado Segismundo somos todos, (per) versión [como lo denominan en el programa de mano] de La vida es sueño de Calderón de la Barca. En el mismo estilo desmitificador de su anterior trabajo, Ignacio Márquez en la dirección combina la música Rap y la cultura Hip Hop con los versos del texto y convierte al personaje Segismundo, preso en un cárcel por ordenes de su padre el rey, en símbolo de la opresión que podemos sufrir todos por causa de la alineación que impone la sociedad actual. La propuesta se percibe interesante, en especial por la forma en que los versos y el ritmo de este estilo musical son combinados, sin embargo el texto del barroco español es un simple pretexto para presentar, sobre todo como símbolo más alienante, a la comida rápida con la identificación la cadena más importante en el país y su jingle. Arnaldo Mendoza representa al Poderoso, que sería el rey en la pieza original, una especia de alegoría de la alineación que no habla sino que hace los gestos mientras otro actor expresa su texto. Alexander Ramos es el oprimido Segismundo y Nacho Marx (seudónimo del director) da voz al poderoso. Los tres cantan Rap correctamente cargándolo de su léxico propio y están vestidos de manera neutral salvo cuando Mendoza y Ramos son el Poderoso y Segismundo, respectivamente. Además, se proyectan videos de comentarios acerca de la obra de Calderón que podrían calar y distanciar al espectador si no colocarán nombres y profesiones que rayan en lo ridículo y no en algo justificado para la propuesta. La primera media hora del trabajo se presenta bien logrado, pero considero que luego de ella se reitera sin plantear nuevas ideas, lo que puede cansar rápidamente al público. Otra forma de plantear el hecho escénico.

Varias propuestas de los últimos meses

En la Sala experimental del CELARG, el grupo Prometeo realizó el montaje de La boda de Virgilio Piñera, dirigido por Noel de la Cruz. Flora es una mujer que suspende su boda porque Alberto, su futuro esposo, le cuenta a su mejor amigo que el único defecto que ella tiene son la “tetas” caídas. A partir de esto, los contrayentes y sus mejores amigos desarrollan una serie de escenas en donde de diversas maneras disertan acerca de la suspensión de la boda y del problema físico de ella. Con una clara orientación hacia el teatro del absurdo, la puesta en escena mantiene un ritmo trepidante y de desplazamientos constantes para reflejar el estado interno de los personajes. Con una escenografía cercana al realismo, cada escena se desarrolla a partir de su significado pasando de la simple discusión al canto o de un programa de televisión a un funeral simbólico. Solamente, los actores requieren comprender un poco más acerca de las situaciones de las primeras escenas para que, por encima del simple decir del texto, el público entre de lleno en el conflicto. Posteriormente a esto, esta comprensión fluye más y poco a poco sale a flote la premisa de la obra. Destacan las actuaciones de Jorge Concha como Alberto, que posee una veracidad innata y Franca Peri como Julia, amiga de la protagonista, porque posee una bien manejada hilaridad y gestualidad. Aymara Ramia como Flora puede ofrecer más intensidad, si bien logra buenos momentos y Rogers Lombano como Luis, amigo del protagonista, mantiene una buena energía e intenciones, aunque imposta un poco la voz por momentos. Más allá de estos comentarios, la pieza se sostiene cabalmente y las risas de público no se hacen esperar.


En el Espacio Plural del Trasnocho Cultural se presentó Un día particular de Store Scolla, dirigida por Giovanni Reali. Una mujer y un hombre coinciden porque el ave que ella tenía en una jaula se escapa y llega al apartamento de él. De esta manera, estos seres opuestos se conectan y revelan sus verdaderos sentimientos en un contexto social que los diferencia porque ella cree en un régimen totalitario, mientras él debe salir del país por ser homosexual. La puesta en escena de carácter simbolista se percibe acorde con la atmósfera que posee la pieza, especialmente por la escenografía que representa a los dos apartamentos y que con paredes como rejas refleja la cárcel en la que simbólicamente viven de los personajes, asimismo los tonos grises, que también posee el vestuario, refuerza la melancolía. Se destaca el gran megáfono desde donde las voces del poder se expresan. El miedo a romper el orden establecido es evidente por la forma que se desplazan los personajes dentro de un espacio limitado con pequeños elementos de utilería que facilitan el desarrollo de la trama o que demuestran el tiempo perdido inútilmente, como los libros en el suelo, porque existe un Estado que desprecia al que es diferente. En las actuaciones, Roberta Zanchi sigue ofreciendo la veracidad que la ha caracterizado en otras producciones, en este caso se conecta más profundamente con el personaje. Por su parte, Antonio Urdaneta aprovecha la comunión que existe con su compañera, aunque por momentos su voz adquiere tonos graves que le restan a la naturalidad que requiere el personaje. En definitiva, un trabajo que integra todos los elementos para transmitir un claro mensaje hacia la intolerancia, el abuso del poder y el miedo.


En la Sala Horacio Peterson de Unearte, la agrupación Kayak llevó a escena: A palabras necias, bocas mudas de José Barrera, dirigida por Marco Caridad. Una gitana cuenta la historia de dos enamorados, pero la intervención de un mago torpe les crea más conflictos a ellos. Los enamorados solo viven de su apariencia exterior debido a las recomendaciones de un gucamayo que obliga a Yak a hacer ejercicios y una mariposa que critica a Kay por tener sobrepeso. Para demostrar sus supuestas habilidades, el mago Maximiliano o Max, como quieren que lo llamen, hace que los enamorados queden mudos y así evitar que discutan, de esta forma los convierte en dos autómatas que no son capaces de expresar bien lo que sienten hasta que descubren que el amor es el mejor lenguaje. La puesta en escena se vale de variados recursos para mantener la atención de los niños. Con la música en vivo, interpretada por la misma gitana, y el empleo de títeres y un monigote que son manipulados a la vista del público, los niños presencian los recursos propios del teatro y comprenden la historia que se desarrolla. De igual manera los enamorados se cambian en escena cuando se convierten en una especie mimos porque no pueden hablar. Resalta la claridad del recurso del títere porque el muñeco que es manipulado, como el guacamayo y la mariposa, a su vez manipula para lograr su fin. También Max se convierte en un títere por momentos y aparece Amorsote, un monigote que pretende enamorar a Kay, y al final, al igual que los dioses aparecen en las obras griegas, los padres de Max son dos grandes máscaras que lo ayudan a resolver los enredos que ha creado. Con una escenografía y un vestuario colorido, las actuaciones se presentan equilibradas en todos los sentidos dentro del elenco conformado por: Jeanleigh Fernández, José Barrera, Kellyns Herrera, Marco Caridad y Bárbara Soto. Un original, divertido y bien hecho trabajo para niños.


Funciones: 7, 30 de Noviembre y 5 de Diciembre de 2009 (Respectivamente)

Desde oriente (y II)

El segundo y tercer día del XXXIV Festival Internacional de Teatro de Oriente presencié una obra de teatro y asistí a una conferencia del maestro Gilberto Pinto.

En Sala Ricardo Lombardi del Complejo Puerto Teatro en Puerto La Cruz se presentó el grupo La Barraca de Ciudad Bolívar con el montaje: Padre Pedro de José Ignacio Serralunga, dirigido por Juan Pagés. En este montaje, el monaguillo de una parroquia viene a confesarse con el padre Pedro para contarle que su mujer está embarazada y que él no puede haber concebido a su hijo debido a que es estéril, de esta manera se da un juego del gato y el ratón para descubrir la verdad acerca de la paternidad del hijo. La puesta en escena propone un desplazamiento equilibrado en todo momento y con un ritmo continuo que mantiene el interés del público, sin embargo la forma en que se proponen los personajes rompe con varios aspectos. Los personajes del monaguillo y del padre son creados a partir de la farsa con vestuarios que acentúan una expresividad corporal cercana a la técnica del “clown” y un maquillaje es este estilo, sin embargo la escenografía y la utilería tiene una estética que claramente se acerca al realismo. Aunque la composición de los personajes funciona porque el público observa de manera crítica el argumento, esto podría reforzarse más sin los elementos realistas. En la interpretación, Eduardo Palacios como el monaguillo tiene una acertada expresión corporal y capacidad para manejar los matices del personaje, además de alcanzar el equilibrio entre la forma farsesca y el contenido orgánico. Lo anterior contrasta con el trabajo de Luis Gabriel Ramírez como el Padre Pedro porque la excesiva impostación vocal le resta credibilidad, de igual forma requiere más concentración cuando escucha a su compañero para que evite repetir el texto de éste con los labios, ya que esto demuestra que mecaniza su actuación. Pese a los contrastes en estética y actuación, la obra se mantiene, divierte y hace pensar en torno a las relaciones humanas.

La conferencia de Gilberto Pinto fue realizada en un salón de la sede de FUNDESBA. Su tema principal fue acerca del teatro artístico social. Al inicio hizo un resumen acerca del teatro que se hacía en la Venezuela desde los 40 hasta la actualidad. Su discurso tomó en cuenta a figuras representativas del teatro venezolano como: Alberto de Paz y Mateos, Jesús Gómez Obregón y Horacio Peterson. De esta forma, relata como en las 40 se pasó del teatro que realizaban las compañías españolas a piezas que rompían el criollismo o localismo, se buscó mejorar el repertorio y se inició una formación en todos los ámbitos. Luego, en los 50, se comienza una dramaturgia propia con César Rengifo y a partir de los 60 se defiende el texto teatral significante con el trabajo de Rodolfo Santana, Isaac Chocrón, Román Chalbaud, José Gabriel Nuñez y el mismo Pinto. Dijo que en la actualidad es cada vez más importante tomar en cuenta que “el teatro es un componente de la salud social y no comercial”, al contrario de como se percibe en la cartelera caraqueña actual. A mi pregunta de cuál es la dramaturgia necesaria, el maestro respondió: la que interpreta la historia.

Por último, no puedo dejar de comentar que queda de parte de las autoridades regionales del Ministerio de la Cultura y de la misma Dirección de Cultura de la Gobernación del Estado Anzoátegui apoyar con mayor rigor al festival con más tradición en el país. Sé que hubo muchas complicaciones para recibir el aporte necesario, lo que hizo que las fechas antes pautadas se cambiaran y que la muestra se redujera.

Es muy fácil dar la cara y decir que se apoya la cultura cuando la realidad es otra, como hizo la encargada de dicho Ministerio en Anzoátegui, además mencionó una frase de Juan Carlos Gené que, seguramente extraída de cualquier publicación de Celcit, fue expresada fuera de contexto. Lo difícil es el trabajo continuo que realizan los creadores, como lo hace Kiddio España al frente del festival cada año.

Función: 14 de Noviembre de 2009

Conferencia: 15 de Noviembre de 2009

Desde oriente (I)

La edición XXXIV del Festival Internacional de Teatro de Oriente se celebró del 13 al 19 de Noviembre en las ciudades de Barcelona y Puerto La Cruz, Estado Anzoátegui. Además del acostumbrado teatro de sala, con tres espacios, se realizaron presentaciones en varios espacios abiertos que incluyeron a Guanta, Lechería y Anaco, junto a varias comunidades populares de la región. Tuve la oportunidad de estar durante los tres días iniciales para apreciar dos espectáculos y asistir a un conversatorio.

La inauguración estuvo a cargo del Teatro del Secadero, agrupación originaria de la ciudad de Mar de Plata, Argentina. Esta agrupación llevó a escena: Novia en rojo, escrita por Edgar Moreno Uribe y dirigida por Mónica Marchini. Con el monólogo como estructura predominante, salvo algunas interacciones entre los personajes, la pieza tiene como punto central a Esdras, un transexual que se siente perturbado porque no es aceptado después de haberse operado completamente para transformarse de hombre a mujer. A lo largo de varias escenas, el público descubre el pasado y presente del personaje, aunque este descubrimiento carece de progresión dramática, lo que no mantiene el interés en el relato. Cada escena empieza con la evidente perturbación del personaje porque no se acepta su condición, no solo sexual sino de preferencia hacia las mujeres, para luego pasar a un listado de recuerdos que no profundiza en sus planteamientos. Los recuerdos no hacen más que evidenciar los conflictos de Esdras y de ninguna forma el paso de uno a otro logra la necesaria ilación entre escenas, debido a esto el clímax luce artificial y no se resuelve el conflicto central. Por otro lado, queda sin resolución la constante referencia a Manuel que parece ser el interlocutor al que Esdras se dirige. Y, de igual manera, el final no termina de cerrar varios aspectos que se relacionan con la premisa que toma como punto de partida el desprecio hacia el otro, el diferente. ¿Se resuelve o no? ¿Es el pasado o el presente el que perturba? ¿Ambos? ¿Desde qué lugar presenta Esdras su relato? ¿Por qué alguien que conscientemente decidió su cambio de sexo, luego tiene conflictos con ello?

El desplazamiento escénico se presenta reiterativo y monótono. En varias ocasiones, Esdras se traslada y vuelve al mismo sitio restándole fuerza a la puesta en escena, además que dentro de cada escena se realizan blackouts (apagones) que no tienen justificación, ya que al volver la luz el personaje se encuentra en el mismo lugar y posición, no cambia tampoco su intención, por lo que no hay una verdadera transición. El marcado simbolismo del trabajo acrobático de telas con el que dos personajes femeninos acompañan el relato de Esdras se queda en el apropiado manejo de la técnica por encima de la correspondencia estética con el argumento. Solo el comienzo, en el que el público observa al personaje de espaldas sin saber quién y cómo es, sorprende porque cuando Esdras voltea apreciamos su manera de vestir y la importancia de su maquillaje.

En las actuaciones, Mario González propone una apropiada expresividad corporal y tono vocal para componer a Esdras, si bien rompe con los conceptos que van desarrollando la pieza cuando realiza pausas en momentos en los que gramaticalmente no deberían hacerse. Esto no permite al espectador seguir las distintas intenciones que se presenten. Mary Schulze y Claudia Mauriz crean sus personajes a partir de la tensión y distensión propia de la expresión corporal más que hacia lo vocal.

En definitiva, un extraño comienzo para el festival.

Función: 13 de Noviembre de 2009